Pidgey volaba nervioso alrededor de la casa de sus dueños.
Ya llevaba un par de días con ese extraño comportamiento, no dormía, volaba en
círculos sin que nadie pudiese saber que le ocurría y de vez en cuando miraba
agitado hacia Torre Lavanda. Dicho edificio fue erigido poco tiempo después de
que las primeras personas llegasen a este recóndito lugar, en la región de
Kanto. Se trataba de Pueblo Lavanda.
Una joven chica salió de la casa y se quedó mirando
preocupada al Pokemon. Tenía el pelo negro y ropa de manga corta, típica de
entrenadores pokemon. La siguió de cerca un chico que vestía con una camisa
negra, pantalones vaqueros y cascos en el cuello.
-¡Pidgey!-exclamó la chica-¡Vuelve adentro, ya es tarde!
Como ocurrió en anteriores ocasiones, el pokémon no la obedeció.
Esto desconcertaba a la joven ya que antes siempre hacia lo que ella ordenase.
-Bellatrix, creo que será mejor meterlo en la
pokeball…-sugirió el muchacho. Se acercó unos pasos hasta quedarse al lado de
ella. Metió la mano en unos de sus bolsillos y sacó una pequeña esfera, era una
pokeball.
Bellatrix con cara de resignación agarró la pokeball y se la
lanzó a Pidgey que lo atrapó a la primera.
-No sé qué le ocurre. Parece que nota algo raro en la Torre
Lavanda Taito. Creo que deberíamos echar un vistazo mañana. Quiero saber qué
pasa.-confesó Bellatrix.
-Estoy de acuerdo, yo también estoy algo preocupado. Sobre
todo por las leyendas que se cuentan sobre esa torre. Nunca me ha dado buena
espina ese lugar.
La Torre Lavanda era el lugar donde reposaban los pokémon
que una vez pertenecieron a entrenadores o criadores. Era un lugar de
solemnidad y respeto pero al mismo tiempo un lugar en ocasiones siniestro y maldito
por los rumores que se contaban de él. Desde apariciones de fantasmas, rituales
de lo más macabro hasta portales que conducían a otras dimensiones o conectaban
con el mundo de los muertos. Debido a estas historias, Pueblo Lavanda se ha
ganado la fama de ser un pueblo misterioso y triste. Una fama malintencionada,
ya que sus habitantes a pesar de caracterizarse como más espirituales si eran
felices como en cualquier otro sitio.
Taito y Bellatrix eran dos de sus habitantes. Dos jóvenes
hermanos de dieciocho y diecinueve años respectivamente que vivían junto con su
madre. Ellos eran una familia muy unida y querida en pueblo Lavanda. La madre
fue hace tiempo una conocida y fuerte entrenadora . Conocida como “La tormenta
implacable” por sus poderosos pokémon de agua conquistó los ocho gimnasios de
Kanto para luego ingresar en la Liga Pokémon por el puesto de campeón de la
región. Su sueño quedó frustrado allí al no ganar dicho título y acabar en las
semifinales. Decidió abandonar el entrenamiento poco después para vivir una
tranquila vida en su pueblo de origen. En cuanto al padre se sabe que fue un
científico entregado a su trabajo. Abandonó a la familia por motivos de trabajo
y desde entonces no se sabe nada del mismo. Taito era el hermano menor. Un
chico apasionado por la música y los juegos de mesa estratégicos. No estaba
interesado en el entrenamiento de pokémon, de hecho, nunca ha tenido ni
entrenado alguno. Su hermana Bellatrix mostraba la otra cara de la moneda en
cuanto a este aspecto. Desde pequeña adoraba a los pokémon y soñaba con seguir
un día los pasos de su madre y superarla. Aunque más que entrenarlos le gustaba
más criarlos y cuidar de ellos.
Bellatrix miraba a la pokeball pensativa. Aquel Pidgey fue
su compañero durante más de la mitad de su vida. Todavía recuerda el día en el
que, junto con su madre, pasearon por una ruta cercana a Pueblo Lavanda y lo
capturaron por accidente, cuando la pequeña Bellatrix recibió un regalo de su
madre, una pokeball vacía, la dijo que la reservara para cuando empezase su
aventura y que la utilizase para capturar a su primer pokémon. Se emocionó
tanto por el regalo que lanzo la pokeball al aire como si se tratara de una
pelota. Casualmente pasaba un Pidgey y fue impactado por la misma, siendo
capturado. Desde entonces lo ha cuidado como si se tratase de su hijo y desde
hacía poco tiempo lo había empezado a entrenar. El pensar que ahora se
comportaba como si no la reconociese producía en ella una mezcla de decepción,
sorpresa y curiosidad.
Ambos hermanos volvieron a la realidad después de pasarse
varios minutos sumergidos en sus pensamientos y preocupaciones. La noche
estrellada y fresca calmaba su pesar. Mañana resolverían de una vez este
extraño misterio. Ambos regresaron a casa y ansiosos por explorar la torre lo
antes posible se acostaron temprano.
Un sonido alteró a Taito en medio de la noche. No se trataba
de un sonido corriente como el de una corriente de aire o unas tuberías. Sonó
como si una ventana de la casa se hubiera abierto de golpe, concretamente en el
baño continuo a donde se encontraba o eso le pareció a él. Se levantó con
cierto temor en el cuerpo y se dirigió hacia dónde provenía el sonido.
Bellatrix y su madre no debieron oírlo ya que dormían en la planta de abajo. Caminó
por el pasillo hasta quedarse en frente de la puerta de dicha habitación.
Estaba entreabierta y dejaba pasar una leve brisa de aire. Él sabía
perfectamente que había una pequeña ventana corredera que casi nunca se abría
en el baño porque estaba defectuosa. Por un momento el miedo le hizo pensar que
podría tratarse de un ladrón pero no parecía oírse nada al otro lado. Al cabo
de unos segundos se calmó y abrió lentamente la puerta. Asomó la cabeza cuando
hubo suficiente espacio y exploró con la mirada la habitación entera. No parecía
que nada se hubiese movido de su sitio. Aliviado entro en el baño y cerró la
ventana. Seguramente fue una fuerte corriente de aire que la abrió desde fuera
o algún pokémon que quiso curiosear.
-Hermanito- le susurró una voz.
Taito se volteó algo sobresaltado por la llamada. Su hermana
Bellatrix estaba fuera, en el pasillo. En una mano sostenía una pokeball que
parecía haber sido abierta de forma forzada.
-Pidgey no está-
Con esta frase Taito rápidamente lo unió con el extraño
evento de la ventana. Alguien se había llevado a Pidgey o el propio pokémon
escapó por la ventana.
-No ha podido haberse escapado- continuó Bellatrix como si
hubiese leído la mente de su hermano. Unas lágrimas comenzaron a brotar de sus
ojos. No quería hacerse a la idea de que puede que nunca más lo volviese a ver.
Taito también se encontraba alterado. No sabía cómo encajar
la situación. ¿Salir a buscarlo? La noche era cerrada y fría, no sería una
tarea fácil. ¿Aplazar la búsqueda para cuando salga el Sol? Puede que entonces
ya sea tarde para encontrarlo. Solo tenía una cosa por segura, La Torre Lavanda
y su influencia en Pidgey seguro que estaban involucradas.
-Vamos a buscarlo- propusó Taito
Las palabras casi salieron solas de su boca. Sabía que era
peligroso ir de noche a la torre, muchos pokémon fantasma vagaban por la zona y
ellos no poseían ninguno para defenderse. Sin embargo no podían quedarse de
brazos cruzados. Si no volvían a ver a Pidgey lo pasarían muy mal para
superarlo. Aunque Taito no empatizaba tanto con los pokémon como su hermana
mayor si sentía mucho cariño por Pidgey y todos los años que convivió con él.
Cuando pensaba esto no quería ni imaginar cómo se encontraría su hermana en ese
instante, no quería verla llorar.
-Si…-Asintió Bellatrix enjuagándose las lágrimas. Una
fortaleza que pensó que había perdido volvió como un resorte a ella. Sabía que
contaba con el apoyo de Taito, eso la aliviaba mucho.-No puede estar muy lejos,
démonos prisa.
Tan rápido como apareció desapareció por el pasillo con
fuerzas renovadas. Taito al principio le sorprendió aquel cambio tan brusco
para luego darse cuenta de que esa era su verdadera hermana, no la que había
contemplado los últimos días más desanimada. Mientras que ella era más eufórica
y despreocupada él era más tranquilo y reflexivo. Ambos se complementaban
mutuamente en eso. Con una sonrisa en la cara salió del baño para cambiarse de
ropa.
En menos de cinco minutos estaban listos. Cogieron antes de
salir ropa de abrigo y unas linternas. Vacilaron un momento si coger algún
pokémon de su madre. Finalmente declinaron la proposición ya que eran pokémon
muy experimentados que no serían capaces de manejar en batalla.
Las noches en Pueblo Lavanda siempre eran cerradas y con
niebla, casi no podían divisar las casas vecinas. Sin embargo sabían hacía
donde se encontraba la torre. Caminaron por las frías calles. Bellatrix estaba
decidida a encontrar a Pidgey, el frío y el miedo no parecían hacerle mella.
Taito la seguía de cerca, algo más alerta del entorno y con ciertos escalofríos
que le recorrían la espina dorsal de vez en cuando.
-Seguro que Pidgey está en la Torre Lavanda- comentó Taito
para romper el silencio y calmarse un poco.
-Sí, quiero saber también que ocurre aquí. Porque la Torre
Lavanda tenía tanta influencia sobre él y no sobre otros pokémon. Me asusta ver
que pueda haber ahí, si Pidgey se encuentra dentro tenemos que salvarlo. ¿Crees
que son ciertos los rumores?
-No lo sé, nunca fuimos de noche a la torre. La mayoría se
saben que son antiguos cuentos que se contaban a los niños para que no se
acercaran. Pero siempre me ha dado por pensar que esa torre oculta un oscuro
secreto. Tal vez sea el mal rollo que me da que haya tantos pokémon enterrados
allí o los peligrosos fantasmas que pasean por sus salas. Otras personas que
preguntamos días anteriores no parece que encontraran nada singular en ella,
así que Pidgey podría estar así por alguna razón externa.
-Como mi Pidgey se haya pasado todos estos días así por una
hembra o un suculento manjar en lo alto de la torre lo mato-dijo Bellatrix en
tono divertido.
Taito sonrió ante el comentario de su hermana. Continuaron
el resto del camino en silencio, las linternas empezaron a alumbrar a lo lejos
una silueta de un edificio que con la niebla se veía un tanto borrosa. Se alzaba
hacia el cielo firme y seguro. Luces espectrales parecían recorrer fugazmente
las ventanas y la temperatura pareció descender unos grados. Habían llegado a
su destino.
Quedaron en un principio intimidados por la grandeza y
aterradora torre. Un gran portón de madera servía de entrada a la misma. Taito
empujó con fuerza la puerta sin éxito.
-Está cerrada, será mejor que busquemos una ventana para
colarnos- propuso Taito.
Rodearon el edificio hasta que se toparon con una ventana en
un lateral lo suficientemente baja para poder alcanzarla. Taito levantó en
hombros a Bellatrix y se metió dentro, luego estiró una mano para agarrar a
Taito y este de un salto la alcanzó y se arrimó al borde de la ventana.
Ambos hermanos hicieron un barrido con la vista a la
habitación en la que se encontraban. Había tumbas hasta donde alcanzaba la luz
de la linterna. Una sensación de terror comenzó a apoderarse de ellos. La ahora
lanzada Bellatrix empezaba a sentir un miedo que iba en aumento. A pesar de que
no era su intención dejarse llevar por esa sensación no podían dejar de pensar
en ello. Susurros parecían provenir de las tumbas llamándoles, sombras fugaces
cruzaban ante sus ojos como si quisieran burlarse de su vulnerabilidad. Sentían
que cientos de ojos les estaban observando ahora, calculando cada paso que
daban.
Los pokémon fantasma se alimentaban del miedo y
desesperación de las personas. No podían permanecer mucho tiempo sino sería
demasiado tarde para escapar.
-Será mejor que nos demos prisa en salir de aquí- sugirió
Taito.
-¡Pidgey!-gritó Bellatrix-¿Estás aquí? Sal por favor.
Los ecos de su voz fue su única respuesta. Continuó
llamándole insistentemente. Bellatrix estaba muy asustada. Quería abandonar la
torre y maldecir su motivación de ir en plena noche pero su deseo de querer
encontrar a Pidgey parecía ser su motor para seguir avanzando.
Siguieron explorando en busca de alguna pista, subieron a
plantas superiores con el mismo resultado. Alucinaciones parecían emerger en
ambos conforma pasaba el tiempo. Sabían que era influencia de algún pokémon que
andaba cerca. Imágenes no muy agradables comenzaban a surgir en su cabeza.
Pokémon esqueléticos que se levantaban de sus tumbas, risas siniestras en la
oscuridad, susurros que comenzaban a convertirse en gritos. Taito se encontraba
al borde del pánico.
-Bellatrix, volvamos ya por favor. Este lugar es
horrible-suplicó Taito. Bellatrix seguía movida por la esperanza de encontrar a
Pidgey en la siguiente sala. Las alucinaciones no tenían tanto efecto en ella
por esa misma razón.
Las linternas repentinamente empezaron a fallar. Saltaban
chispas de las bombillas que comenzaban a dar luz de forma intermitente. Un
chasquido y un último flash en la linterna índico que se había apagado de forma
definitiva.
-Qué extraño. Me aseguré que la pila era nueva antes de
salir.- afirmó Bellatrix.
-No han sido por las pilas.-respondió su hermano-Esto ha
sido obra de un Rotom. Pueden acceder a los aparatos eléctricos y sabotearlos.
-¿Y ahora qué hacemos?-
-¡Y yo que sé! ¡Por tu obstinación de querer encontrar a
Pidgey estamos ahora perdidos en la torre sin luz!
Taito estaba alterado, su visión de la realidad empezaba a
distorsionarse cada vez más. El pokémon que lo estaba induciendo ganaba cada
vez más terreno en su conciencia.
-El que propuso buscar al pokémon. Si tanto miedo tienes
deberías haberte quedado en casa.-replicó Bellatrix con tono irónico.
Sin embargo ella era consciente de que sus vidas comenzaban
a peligrar. Ahora que su voluntad y fuerza habían flaqueado podrían ser
víctimas de pokémon más poderosos.
-Lo siento, debí haberte escuchado antes.- se disculpó
Bellatrix
-No es culpa tuya, los pokémon están empezando a afectar a
nuestro carácter y fuerza vital. Busquemos rápido una salida.
Ambos aguardaron unos segundos hasta que sus ojos se
acostumbraron a la oscuridad. Tenían pensado volver hacia fuera dando la vuelta
sobre sus pasos. La torre era tan laberíntica que no estaban seguros por donde
habían pasado ya y por donde no. Nunca imaginaron que una torre que resultaba
serena y tranquila por el día se transformase en un mundo de pesadillas por la
noche.
Al pasar a una sala vieron algo que les llamó la atención.
Sobre una de las tumbas había una pequeña vela con una llama azulada que
alumbraba los alrededores. Lejos de alterar esa luz transmitía paz a los
extraviados hermanos.
-Es un Litwick-anunció ella.
El pequeño pokémon pareció escuchar su llamada. Saltó de la
tumba y se dirigió hacia ellos con una sonrisa en su expresión. Una vez estaba
en frente de ellos paro en seco y brincó un par de veces en señal de amistad. A
continuación continuó brincando en una dirección.
-Me alegra que haya un buen espíritu en esta torre- comentó
Taito más aliviado.
-Sigámosle.
El Litwick guiaba un camino con la llama de su vela,
consiguieron encontrar las escaleras al piso inferior. El agobio y miedo que
sentían antes se iba calmando poco a poco.
Vagaron durante varios minutos entre las tumbas. Taito y
Bellatrix no recordaban haber hecho un recorrido tan largo. Se empezaron a dar
cuenta de otra cosa además. A causa del sueño o el esfuerzo que tuvieron que
emplear para sobrevivir en la torre comenzaban a perder fuerzas. Se sentían
cada vez más débiles y soñolientos. Finalmente se percataron que eso no podría
ser causa natural, algún fantasma les estaba robando la energía vital.
-Taito, ese Litwick nos está robando las fuerzas tenemos que
alejarnos de él ya- dijo Bellatrix con esfuerzo.
Pero ahí no acababan sus problemas, al intentar dar media
vuelta para huir del Litwick se dieron cuenta de que sus cuerpos ya no estaban
controlados por su conciencia. La hipnótica llama de Litwick había tomado
control sobre su cuerpo. Continuaban caminando en vueltas detrás de ese Litwick
que lenta pero inevitablemente les iba dejando sin vida. Trataron cualquier
método, gritaron pidiendo ayuda, solo salieron inaudibles susurros de sus
bocas, no podían correr a ningún sitio ni dejar de mirar fijamente la llama del
pokémon. Sus cuerpos no lo resistieron más y se desplomaron sobre el suelo. Lo
último que pudieron ver antes de perder la conciencia fue la cara triunfal y
siniestra del Litwick al ver que se había cobrado a dos nuevas víctimas.
Pidgey no dejaba de mirar un punto fijo, una importante
tumba. Consiguió infiltrarse en el último piso de la Torre Lavanda a través de
una ventana. Se encontraba en una sala cerrada al público. Aquí descansaba un
gran pokémon que en su tiempo fue guardían de pueblo Lavanda y sus habitantes.
Se trataba de una Marowak que sacrificó su vida protegiendo la torre de unos
villanos que una vez profanaron las tumbas. Una gran cúpula coronaba la sala,
en su cúspide una abertura dejaba entrar la luz de la luna. Esta luz daba un
ambiente tranquilizador y sereno a la habitación. Pidgey era consciente de que
debía estar ahí, tenía una misión que cumplir. Se sentía muy triste por dejar
atrás a su entrenadora pero también sabía que si todo salía acorde con lo
previsto la volverá a ver tarde o temprano.
La presencia a la que esperaba empezó a manifestarse.
Comenzó con una pequeña neblina emanando del suelo para pasar segundos más
tarde a un impresionante agujero negro del cual unos ojos rojos clavaron su
mirada en Pidgey. A continuación seis tentáculos acabados en un afilado aguijón
rojo tomaron al pájaro entre ellos. Pidgey no tuvo otra alternativa y se dejó
atrapar por esas oscuras extremidades que comenzaron a tirar de él hacia el
agujero. Antes de atravesar el portal no dejó de pensar en ningún momento en
Taito y Bellatrix, sobretodo en ella. Los echaría de menos, sus cariños, todas
las veces que jugaron juntos, el esfuerzo de Bellatrix por entrenarle y
cuidarle bien. Con unas lágrimas de nostalgia el pokémon desapareció dentro del
abismal agujero.
Bellatrix se despertó de un sobresalto. Se incorporó
rápidamente. Un mareo repentino la obligó a volverse a recostar, miro hacia
donde estaba su hermano. Taito se encontraba sentado contra la pared todavía
muy débil. Abrió los ojos al escuchar a Bellatrix voltearse hacia él.
-Estamos salvados-dijo Taito con una pequeña sonrisa.
-¿Pero cómo…?-continuó Bellatrix.-Ya pensaba que no
saldríamos de aquí con vida.
Ambos dirigieron la mirada hacia donde supuestamente se
encontraría Litwick. Estaba tumbado en el suelo y la llama de su vela se había
extinguido. Alguien o algo evitó que ese pokémon llevará a cabo su terrorífica
tarea. Se percataron entonces de que había un segundo pokémon levitando a unos
centímetros detrás de Litwick. Este se descubrió ante ellos. Era un Misdreavus
con una característica muy peculiar que llamó la atención enseguida a los dos
jóvenes. Tenía los ojos de colores distintos cada uno. Uno rojo como es natural
en este pokémon y el otro de un azul intenso que recordaba al azul de un cielo
despejado.
-¿Tu nos has salvado?-preguntó Bellatrix un poco alerta
todavía por la aparición de este segundo fantasma.
El pokémon asintió ante la respuesta de Bellatrix y fue a su
encuentro. Se dejó acariciar en señal de paz. Taito entonces recordó algo.
-Un momento…-reflexionó.- Mientras explorábamos la torre me
pareció verte un par de veces detrás de nosotros. Pensé que ese ojo azul era
una alucinación que tuve.
Misdreavus volvió a asentir pero a modo de disculpa.
Recordaron entonces que a este pokémon le gusta crear ilusiones para gastar
bromas y divertirse con las personas. Pocos casos se han dado que este pokémon
haya asesinado a alguien. Solo atacan cuando se sienten arrinconados por lo que
se le considera un pokémon pacífico dentro del mundo de los fantasmas.
-Entonces fuiste tú quién nos creó esas ilusiones. Luego al
ver que perdías control sobre nosotros y ganaba terreno el Litwick y ver que
nuestras vidas peligraban nos salvaste ¿me equivoco?-dedujo Bellatrix.
Misdreavus sonrió.
El pokémon al final se encariño con aquellos dos
extranjeros. Taito y Bellatrix le correspondieron a ese gesto por el hecho de
que les haya salvado la vida. Decidió quedarse con ellos ya que el lúgubre
ambiente de esa torre nunca le gustó a Misdreavus. Tenía miedo de salir fuera y
que los humanos salieran despavoridos ante su presencia. Pero ahora que contaba
con dos nuevos amigos se sentía feliz y nuevo.
Los tres regresaron donde aquella singular aventura comenzó
saltaron por la ventana y agradecieron estar de nuevo en el mundo que ellos
tanto conocían. Misdreavus sin embargo se mostraba algo agobiado, nunca había
salido de la torre y el ahora estar fuera le daba cierta inseguridad.
-No te preocupes, tranquila.-la animó Bellatrix.-Ahora nos
tienes a nosotros y cuidaremos de ti siempre.
El pokémon agradeció ese gesto.
Un ruido proveniente de lo alto de la torre rompió aquel
silencio y tranquilidad ahora reinantes. Por el agujero de la cúpula emergió un
enorme pokémon en forma de pájaro. Su piel parecía plateada ya que brillaba a
la luz de la luna. Al parecer llevaba a una persona consigo. Los dos extraños
desaparecieron entre la niebla en dirección a Ciudad Azafrán, al oeste de
Pueblo Lavanda.
Esto hizo sospechar a los dos hermanos que tendría que ver
con su Pidgey. El extraño hecho de que haya desaparecido aquella noche y que
aquel misterioso entrenador haya salido de una sala a la que se les cierra el
paso incluso a los mismísimo habitantes del pueblo. Esto fue apoyado por el
Misdreavus que aseguró haber visto a un pequeño pokémon pájaro volar hasta la
misma habitación y además en un momento concreto sentir una presencia tan
grande y poderosa que incluso los fantasmas más aterradores del edificio
temieron. Una criatura que escapaba de todo lo que conocían hasta ahora.
Esto no hizo sino aumentar la sospecha de Bellatrix y Taito
además de empezar a sentir un cosquilleo de curiosidad al querer averiguar el
porqué de todos los eventos acontecidos. Por el momento decidieron volver a
casa e investigar mañana más sobre el asunto. Volviendo a casa llegaron a la conclusión
de que la respuesta solo la encontrarían si salían en busca de aquella persona
y su pájaro de plata. Junto con Misdreavus acordaron partir lo antes posible,
si pudiera ser hoy temprano mejor. Nunca salieron de su pueblo natal ya que
siempre les abrumó la grandeza del mundo y temieron a los más poderosos
entrenadores de Kanto. Ya era hora de que ambos superarán ese miedo y salieran
a explorar el inmenso mundo que les esperaba.
Ambos entraron en silencio a casa, aliviados de que su madre
no estuviera despierta. Bellatrix durmió aquella noche abrazada a su
Misdreavus, como si se tratara de un peluche al que quería proteger. Taito soñó
con las grandes aventuras y viajes que le esperaban y que sabía que le
cambiarían su concepción de la vida. La aventura pokémon de los tres solo
acababa de comenzar.