Capítulo 2
El comienzo
de todo
La luz del
Sol entraba a raudales en la ventana. Misdreavus entrecerró los ojos algo
molesta. Nunca había visto tanta luz en su vida. La Torre Lavanda solía
ser oscura y fría. Aquella calidez que desprendía el Sol la hacía sentirse por
otra parte más liberada y alegre.
Bellatrix notó los pequeños movimientos que hacía el pokémon y abrió los ojos.
-Buenos días-murmuró-¿Cómo ha sido la experiencia el primer día fuera de casa?- añadió de forma divertida.
El pokémon
respondió con una radiante sonrisa seguido de un enérgico salto que elevó al
fantasma en el aire. Ahora que ya no estaba sola podía actuar como era ella
misma.
Bellatrix se
incorporó sobre la cama y a continuación miró hacia la ventana. Se fijó en las
nubes que mecía el viento. Deseó con todas sus fuerzas que de repente su
pequeño pokémon volador apareciese a lo lejos y se acercase a la ventana para
volver a su hogar. Nada ocurrió, como esperaba.
-¿Me ayudarás
a encontrar a mi pequeño verdad?-preguntó Bellatrix esperanzada.
Misdreavus se
acercó a ella en respuesta de apoyo y se acurrucó entre sus piernas.
-Sabía que
podía contar contigo. Verás que simpático es Pidgey, seguro que os llevareis
muy bien.
Unos segundos
después una persona se acercó a la habitación pero ni Bellatrix ni el pokémon
se percataron de ello.
-¿Cómo ha
llegado ese Misdreavus aquí?- dijo una voz desde la puerta.
Ambas se
voltearon para ver quién era. Una mujer de mediana edad estaba apoyada sobre el
marco de la puerta. Tenía el pelo negro, rizado y por la altura de los hombros,
sus ojos eran grandes y de color marrón oscuro. Su cara mostraba cierto gesto
de sorpresa por el inesperado invitado.
-Mama… Este
Misdreavus…- Bellatrix no lograba dar con una explicación adecuada para el
imprevisto. Sabía que tarde o temprano tenía que darle explicaciones a su madre
pero todavía no había preparado nada convincente. No podía decirla sin más que
fue con su hermano pequeño a la Torre Lavanda en plena noche y allí se
encontraron con este simpático pokémon. Tenía que explicarle toda la historia.
-Bueno ya me
lo contarás mientras desayunamos- concluyó su madre al ver a su hija tan
bloqueada. A continuación se dirigió camino de la cocina, dejando a Bellatrix
pensativa y al pokémon un tanto alarmado por la situación. Al poco rato
apareció otra persona, era Taito. Al parecer había oído la breve conversación
entre madre e hija, tenía un semblante algo preocupado e inquieto.
-Espero que
no nos la hayamos cargado- comentó solamente Taito.
-Lo
entenderá, estoy segura- respondió Bellatrix.
Taito se
animó algo más con la respuesta y siguió el mismo camino que su madre, hacia la
cocina. Bellatrix le siguió unos pasos atrás con el Misdreavus entre sus brazos.
Finalmente la familia se reunió en la cocina. La madre comenzó hablando…
-Ayer pude
ver como os ibais en mitad de la noche…
-Es por el
Pidgey mama- contestó de inmediato Bellatrix. -Alguien lo ha capturado o ha
escapado, el caso es que no sabemos dónde está…
-Fuimos a
investigar a la Torre
Lavanda porque ese lugar alteraba mucho a Pidgey- continuó su
hermano.-En cambió este pokémon se encariñó con nosotros y se ha venido, de
Pidgey seguimos sin saber nada…
Hubo unos
segundos incómodos de silencio. Se encontraba los tres sentados en la mesa con
los zumos todavía sin haber sido probados ni las galletas mordidas siquiera.
Pensaron que su madre en cualquier momento les echaría una bronca o sermón
sobre su escapada de anoche. Esperaban encontrarse a una madre furiosa y
decepcionada pero en cambio su rostro expresaba algo completamente distinto. Se
podía distinguir una mezcla de preocupación, alivio y algo de nostalgia más que
de enfado.
-¿Sois
conscientes de lo peligroso que ha sido vuestra excursión?- terminó diciendo
rompiendo el silencio reinante.
Los dos
hermanos se mostraban confusos por el comportamiento de su madre. Después de un
intercambió rápido de miradas en los que ambos mostraban el mismo gesto de
extrañeza terminaron contestando.
-Si-
-Siempre me
dio miedo… el que no podríais defenderos allí fuera, con los pokémon salvajes y
la inmensidad del mundo…- confesó su madre.-Pero la verdad es que no os puedo
retener siempre a mi lado. Si queréis buscar a Pidgey no os puedo obligar a
quedaros aquí. Además, sé que tú en especial,-señaló hacia Bellatrix-querías
empezar tu aventura para convertirte en una buena entrenadora pokémon. Recuerdo
que te daba miedo antes salir allí fuera. Querías asegurarte que tu Pidgey era
lo suficientemente fuerte.
Los dos jóvenes
y el pequeño pokémon se quedaron en silencio escuchando a su madre. Esta miró a
continuación al pokémon.
-Pero estoy
segura que este Misdreavus es más fuerte de lo que aparenta. Tenéis a una buena
aliada para vuestra aventura.
La pequeña
Misdreavus sonrió en señal de afirmación.
-Es verdad.-
reafirmo Bellatrix.-Ayer nos lo demostró muy bien.
Taito se
encontraba en silencio. Sabía que quería ir con su hermana para que no la
pasase nada ni se él quedase aburrido y solo en casa. Sabía que tenía que ir
con ella para crecer y aprender nuevas cosas. Le gustaba la idea de viajar y
ver mundo sí, pero su falta de contacto con los pokémon le daba cierta
inseguridad. ¿Cómo iba a defenderse a sí mismo y a su hermana allí fuera?
Pokémon salvajes, peligrosos entrenadores, tormentas y eventos inesperados
podría hacer que Bellatrix se quedase sin pokémon y en consecuencia ambos
estarían en un gran apuro. Se dio cuenta entonces que todo lo que pretendía, el
viajar y al mismo tiempo cuidar de su hermana carecía de sentido si no podía
defenderse contra ciertos peligros.
Su madre y
Bellatrix notaron la extraña actitud del joven.
-¿Te
encuentras bien?- preguntó Bellatrix preocupada.
-Sí, no pasa
nada. Algo de cansancio eso es todo.- fingió Taito.
Pensó
entonces que solo había una solución. Tenía que superar esa inseguridad que
significaba cuidar y entrenar un pokémon. Nunca se atrevió por miedo al fracaso
al no saber cómo ser buen compañero de uno. Con Pidgey se divertía pero era
para él una mascota. Ser entrenador pokémon suponía saber comprenderlos y
quererlos. Usarlos bien en combate y que aprendan junto a su dueño. ¿Tal vez si
podía hacerlo? Pensó. Poco a poco fue ganando más seguridad en sí mismo al
ilusionarse, viéndose junto a su equipo, luchando codo con codo y sin nada ni
nadie que les parase.
Salió
entonces de su mareada de pensamientos. Se percató que su hermana y madre ya no
estaban sentadas en la mesa. Se habían acabado el desayuno y se encontraban
levantadas unos pasos más allá, en el salón. Ambas estaban preparando una
mochila con todas las cosas que necesitarían para el viaje. Misdreavus flotaba
alrededor de ellas muy emocionada.
Taito se
levantó y fue con ellas. Ya habían terminado de aprovisionar la mochila.
Metieron algunas pociones y bayas para el pokémon y comida y agua para
Bellatrix y él. También había un mapa y algo de ropa de cambio, linternas,
cuerdas, dos sacos de dormir, algo de dinero y un par de pokeballs. El ver la
mochila hasta los topes le hizo preguntarse a Taito cuanto tiempo se había
pasado ensimismado en sus pensamientos.
-Yo también
necesitaré algún pokémon para luchar.-comentó Taito en referencia a su
reflexión.-En las rutas cercanas hay pokémon muy domables. Seguro que podré
entrenar alguno de ellos.
-De todas
formas prefiero que os llevéis con vosotros alguno de mis pokémon, ya que están
muy experimentados- argumentó su madre. Saben obedecer órdenes y también sabrán
protegeros.
Abrió a
continuación un baúl que había en una esquina del salón. Dentro de ella había
un montón de cosas. Todas ellas eran de la época en la que su madre fue una
gran entrenadora. Había de todo: mapas, recuerdos que compró de distintas
ciudades, medallas y trofeos. Entre tantos objetos se distinguían seis
pokeballs una de ellas parecía mucho más vieja y descolorida. Decidida, cogió
esta última. Ella sabía que sería la compañera más adecuada para ambos.
-Quiero que
mi Lapras os acompañe durante vuestra aventura.- confesó la madre.-Perteneció a
vuestra abuela. La capturó cuando solo era un bebé. Luego me la confió al comenzar
mi aventura y ahora haré lo mismo con vosotros. Es la compañera perfecta.
Con tristeza
y algo de nostalgia en sus ojos se la entregó a su hijo.
-Seguro que
es tu perfecto pokémon inicial. Ella te ayudará a coger más confianza en los
pokémon.-
Taito agarró
la pokeball muy agradecido. Se le iluminaron los ojos de felicidad.
Después de
asearse y limpiar un poco la casa los dos hermanos subieron a sus dormitorios
para cambiarse el pijama y ponerse ropa más adecuada para la aventura que les
deparaba. Ambos optaron por su ropa más característica, la que solían llevar.
Bellatrix por su ropa más deportiva: las usadas botas de montaña, sus preciados
pantalones abombados y su top y chaqueta favoritos. Decidió coger también su
gorro y bufanda para cuando hiciese más frío. Taito por su parte eligió su
camiseta de color azul con una pokeball dibujada y su camisa favorita, una de
color negro. Cogió sus pantalones con tirantes que le encantaba llevar y unos
zapatos adecuados para largas caminatas. Por último cogió sus cascos y su
reproductor de música para que sus canciones le acompañaran allí donde fuera.
Los dos
bajaron de nuevo al salón. Relucientes y cómodos, se sentían muy motivados,
listos para ir en busca de Pidgey y explorar la vasta región de Kanto.
Su madre no
pudo evitar unas disimuladas lágrimas. Sus hijos habían crecido mucho y
comprobó que los educó bien, valientes y decididos. Seguro que se pasarían un
tiempo fuera de casa, eso la entristecía porque se quedaría sola. Por otro lado
sabía que podían desenvolverse muy bien en situaciones inesperadas. Ya se
demostró en su excursión a la Torre Lavanda la pasada noche. Eso la añadía más
seguridad a sí misma.
La entrada de
la casa se abrió con energía. Bellatrix dio un salto de pura alegría desde el
interior de la casa hacia el exterior. El sol brillaba enormemente ese día,
parecía como si el clima les animase también a emprender esa aventura. Taito
por su parte salió más tranquilamente de la casa sosteniendo en una mano la
pokeball que le había dado su madre, a continuación, se la guardo en la
mochila.
-Bueno
chicos.-comenzó la madre.-Tened mucho cuidado ahí fuera y cuando podáis poneos
en contacto conmigo para saber cómo os va.
-Así
será.-respondió Taito.
Ambos
hermanos emprendieron los primeros pasos a lo que sería la mayor aventura de
sus vidas. A medida que se alejaban de la casa sabrían que iban a echar de
menos su hogar y el tranquilo ambiente de Pueblo Lavanda. Se voltearon una
última vez a unos treinta metros de su casa y despidieron a su madre por última
vez con la mano. Esta les correspondió en el saludo.
Una vez
pasaron las fronteras de su pueblo natal entraron en la Ruta 8. Esta pequeña
ruta conectaba con Ciudad Azafrán. Si iban a buen paso llegarían para la hora
de comer. Se podían ver muchos entrenadores descansar junto con sus pokemon en
el césped, otros se encontraban entrenando bien en solitario o en un combate
contra otro entrenador. Bellatrix y Taito procuraron evitar de momento los
combates contra entrenadores, no se veían todavía con la habilidad necesaria.
Además ellos se centraban en la búsqueda de Pidgey por lo que cualquier pista
sobre su paradero es más importante que cualquier combate. Por eso decidieron
dirigirse primero a Ciudad Azafrán ya que era la ciudad más grande de Kanto y
es hacia donde pareció dirigirse el extraño la noche anterior.
Ninguno de
los dos sabía cómo comenzar una conversación. Se encontraban demasiado
emocionados por el viaje y cada uno se dejó llevar por sus pensamientos y
sueños. Continuaron así durante una media hora hasta que un pokémon a una
velocidad increíble pasó por su lado. El susto hizo que Bellatrix callera al
suelo.
-¡Pero
bueno!-protestó Bellatrix.-Ten un poco más de cuidado ¿no?
Taito ayudó a
Bellatrix a levantarse. Cuando volvieron a ver al lugar donde se encontraba el
pokémon se dieron cuenta de que no estaba solo, tenía un jinete. También
pudieron concretar que pokémon fue el que casi los arrolla, se trataba de un
Arcanine y de uno al parecer bastante fuerte y firme. El entrenador que montaba
sobre él bajó de un salto. Pasó su mano un par de veces por el pelaje de su
flamente pokémon y se dirigió después hacia donde estaban Taito y Bellatrix.
-Lo siento
mucho- se disculpó el extraño.-Estaba siguiendo a un pokémon escurridizo y
bastante rápido.
El joven
entrenador vestía con ropa sencilla. En la parte superior llevaba una camiseta
del famoso grupo de heavy “Steellica”. Sus pantalones eran militares y calzaba
unas botas de montaña. Tenía un pelo corto castaño en punta y unos ojos del
mismo tono.
-¿Detrás de
qué pokémon ibas exactamente? No hemos visto ninguno durante un rato.-comentó
Taito.
-No es un
pokémon que encuentres en la tierra.-respondió-Iba detrás de un pokémon pájaro
y uno bastante inusual en esta región. Migra desde una región lejana llamada Hoenn
y solo están aquí de paso un par de días al año. Me dedico a ir detrás de
pokémon extraños que hagan apariciones fugaces en Kanto ya que no tengo dinero
para viajar más allá de aquí.
El muchacho
rio un poco ante su último comentario.
-Por cierto
me llamo Phoenix.
Los dos
hermanos le correspondieron la presentación. A pesar de haber tenido una
aparición no muy agradable si es verdad que la simpatía del chico les hizo
olvidar el pequeño incidente. A pesar de tener un par de años menos que Taito
mostraba una gran maestría con los pokémon por lo que dedujeron que ya hacía
bastante tiempo que era entrenador.
Phoenix
perdió de vista al pokémon que seguía así que decidió acompañar a dos
entrenadores con los que se cruzó. Hablaron sobre muchas cosas. Phoenix comentó
que el conocido profesor Oak le concedió de inicial a Charmander y que con el
mismo comenzó a emprender su aventura. Partió de ciudad Plateada e intentó
mejorar sus técnicas de combate durante los primeros meses. Más tarde se daría
cuenta que la captura de pokémon lo dominaba mejor que el combate así que se
decantó por esta nueva opción. Él quería llegar a conocer tantas especies de
pokémon como le permitiese su habilidad y su bolsillo. También les comentó su
gusto por el heavy y por los pokémon de fuego. La mayoría de su equipo se
componía de ese mismo tipo, su actual Charmeleon, Arcanine y un pequeño
Cyndaquil que encontró hace poco.
Bellatrix y
Taito por su parte no pudieron narrar tantas historias ya que acababan de
comenzar. Pero si hablaron sobre lo ocurrido en la Torre Lavanda, el Pidgey de
Bellatrix y la razón de su viaje.
-¿Te suena
haber visto recientemente un pokémon pájaro gigante sobrevolando la
ruta?-preguntó Bellatrix una vez acabaron de explicar su situación.
-Mmmm... Por
la noche recuerdo que vi uno sí. Casi me lanzo a capturarlo pero luego me di
cuenta de que alguien lo montaba.
Bellatrix y
Taito se miraron fijamente. Ambos sabían que era el mismo tipo que vieron ayer.
-Creo que era
un Skarmory- dijo Phoenix ignorando la reacción de los hermanos.-Ya que
brillaba a la luz de la luna y no se me ocurre de ningún otro pájaro de ese
tamaño que pueda brillar de forma metalizada.
-¿Pudiste ver
hacia dónde iba?-preguntó ahora Taito.
-Sí, se
dirigía a Ciudad Azafrán. Estoy seguro que allí podréis encontrar más
información.-concluyó Phoenix en un tono tranquilizador.
Ahora
respiraban más tranquilos al ver que tenían un hilo de dónde tirar. No estaban
seguros de si se dirigía o no a la ciudad vecina pero Phoenix acabó por
convencerlos al cien por cien.
Continuaron
caminando. Bellatrix y Phoenix se encontraban delante hablando mientras que
Taito los seguía unos pasos atrás. Pensaba en todo lo ocurrido recientemente:
la desaparición de Pidgey, el individuo de Torre Lavanda, el viaje que estaban
emprendiendo… Casi parecía mentira que de un día para otro se encontrasen en
esa situación. Él sabía que Bellatrix no se paraba tanto a pensar en eso, ella
vivía el presente mientras que él se sentía curioso y al mismo tiempo algo
asustado del futuro que les deparaba. ¿Cómo acabará el viaje? ¿Podrán encontrar
a Pidgey? ¿Cómo se desenvolvería en un combate pokémon? Una cosa estaba clara y
es que los viajes le daban mucha hambre. Mientras seguía caminando abrió su
mochila y saco un pequeño bocadillo que preparó precisamente para picar.
En el momento
justo que iba a dar el primer bocado sintió algo posarse sobre su pelo. Phoenix
pareció haberse dado cuenta también ya que en el momento que ocurrió dejó de
hablar con Bellatrix y se volteó.
-¡No te
muevas! Tienes justo el pokemon que busco en la cabeza.-anunció Phoenix.
Bellatrix
observo la situación con cierta diversión. El pequeño pájaro se posó sobre su
cabeza como si se tratase de un nido y se acomodó en dicho lugar. Cerró los
ojos y pareció dormirse. Ahora que estaba quieto Bellatrix pudo fijarse con
mayor detenimiento en el pájaro. Era de un color azul marino intenso en su
mayoría, su torax era rojo y su tripa blanca. Poseía unos grandes y brillantes
ojos. Lo identificó al cabo de unos segundos. Se trataba de un Taillow y tal
como dijo el joven entrenador era un pokémon común en Hoenn.
-Esta es la
situación perfecta.-susurró Phoenix para no despertar al pokémon. Agarró una
pokeball de su bolsillo. Parecía dispuesto a capturarlo incluso bajo las
circunstancias dadas.
-Ten cuidado
de no darme.-dijo en tono bajo Taito.
La verdad no
tenía la menor idea de que hacía ese pokémon en su pelo. Sabía que su era pelo
suave y bien cuidado pero nunca se imaginó que llegase a ocurrir tal cosa.
Intentó mantenerse inmóvil para no despertar al pokémon ni para que la pokeball
le golpease de lleno.
Con un
suspiro Phoenix se relajó y apuntó. Tras unos segundos de quietud movió su
brazo ágilmente y lanzó la pokeball. Como si hubiera sido consciente de lo que
iba a ocurrir, Taillow abrió los ojos, pero antes de emprender el vuelo se
permitió el lujo de agarrar con su pico el pequeño bocadillo de Taito. Una vez
se aseguró que lo tenía alzó el vuelo a una velocidad impresionante. El
movimiento imprevisto del Taillow provocó el sobresalto de Taito y por lo tanto
la pokeball le golpeó en la cara. Calló al suelo mientras el travieso pájaro se
posaba en la rama de un árbol y se terminaba de comer el aperitivo de Taito.
Con un ruido burlón hacia los espectadores extendió sus alas y volvió a elevarse
de nuevo.
-¡Oh no! Esta
vez no te me escaparás.-refunfuño Phoenix. Rápidamente agarró unos de sus
pokémon y lo sacó al combate.-Esta vez probaré otra estrategia.
Un pokémon en
forma de gelatina apareció de la pokeball. Se trataba de un Ditto.
-¡Vamos Ditto,
transfórmate en ese pokémon!-ordenó el dueño.
Ditto no
perdió de vista a su presa y copió su apariencia a la perfección. Una vez
terminó de metamorfosearse siguió al
Taillow salvaje. Ambos se enzarzaron en un combate aéreo.
Al Taillow al parecer
no le gustaba que se le desafiase y se defendió con mucha agresividad. El Ditto
por su parte también atacaba pero de forma más cuidadosa ya que sabía que no
había que debilitarlo del todo, sino podría morir.
Taito seguía
en el suelo, observando la escena perplejo. Se acarició la zona donde le golpeó
la pokeball. Bellatrix le ofreció la mano para levantarse que aceptó en el
momento. A continuación se quedaron junto a Phoenix que seguía enzarzado en el
combate. El Taillow salvaje parecía esquivar muy bien los picotazos que daba
Ditto y además contraatacaba con una gran fuerza que empezaba a debilitar a
Ditto.
-Habrá que
cambiar de táctica…-concluyó Phoenix. -Muy bien Ditto. Utiliza su ataque
tornado contra él.
Ditto
obedeció perfectamente a su amo y tomo distancias. Taillow sabía sus
intenciones y se lanzó hacía el para darle el golpe de gracia. Ditto agitó sus
alas sin dejar de huir de Taillow hasta que se formó un pequeño tornado entre
ellas. Rápidamente este tomó consistencia y una vez estaba estable lo lanzó
contra Taillow que ya se encontraba peligrosamente cerca. El pequeño pájaro intentó esquivar el ataque
elevándose en el aire pero la succión del tornado se lo impidió y fue atrapado
por el mismo. Ditto no desaprovechó la oportunidad y atacó con todas sus
fuerzas. Taillow, que estaba ya liberado pero algo mareado por el ataque no
pudo evitar tampoco ese veloz golpe.
Los tres
entrenadores continuaban mirando hacia los dos combatientes. La batalla se
desarrolló de tal forma que ambos acabaron a mucha altura del suelo. Casi parecían
dos moscas chocando entre ellas. Sin embargo pudieron observar perfectamente el
golpe final de Ditto. Al parecer el impactó fue tal que Taillow se debió quedar
inconsciente y comenzó a caer.
-¡Mierda!-
exclamó Phoenix.-No contaba con que fuera derribado en el primer golpe.
Comenzó a
buscar en su mochila de forma frenética una pokeball para capturarlo antes de
que impactara contra el suelo.
-¡Ditto!
¡Intenta agarrar en el aire a Taillow!-ordenó Phoenix mientras continuaba en
busca de la pokeball salvadora.
El pokémon
descendió en picado. Se percató entonces de que el combate le mermó las fuerzas
y tan solo sería capaz de agarrar al pájaro. Dudaba si sería capaz de volver a
elevarse en el aire una vez lo alcanzase. La altura hasta el suelo no era la
suficiente para detener la fuerza de la gravedad. Aunque temía la posibilidad
de que los dos acabasen estrellados lo intentó de todas formas. Alcanzó al
debilitado Taillow y agarró sus patas firmemente con las suyas. Sus peores
temores se hicieron realidad, no era capaz de detener la caída. Ambos corrían
ahora un gran peligro.
Phoenix no
era consciente del peligro inminente. Apenas estaba agarrando la bolsa donde
guardaba las pokeball. Tan solo le bastarían unos segundos para lanzar una
pokeball, tiempo del que desgraciadamente no disponía.
Bellatrix y
Taito mostraron cierto nerviosismo al principio del imprevisto. Su expresión
comenzó a tornarse en una de miedo al ver que las cosas no se resolvían según
lo previsto acentuado al ver a Phoenix conforme pasaban los segundos estaba más
alterado. En los segundos previos al golpe Bellatrix no lo pudo soportar y se tapó
la cara horrorizada ante lo que estaba a punto de suceder. Taito por su parte
no se lo pensó dos veces corrió y se lanzó en plancha para agarrar a los dos
pokémon en el aire. Por un momento pensó que no lo lograría pero con un gran
esfuerzo estiró sus extremidades tanto como pudo para salvar los pocos
centímetros que le faltaban.
Su cuerpo
cayó al suelo cuan largo era, y en sus manos, se encontraban los dos pequeños
pokémon.
Bellatrix
volvió a abrir los ojos al ver que no pasaba nada. Phoenix por su parte se
tranquilizó y con la pokeball, vacía en su mano, caminó hasta donde se
encontraba Taito.
-¿Te
encuentras bien? Has sido todo un héroe, les has salvado la vida.-dijo Phopenix
admirado mientras extendía un brazo a Taito.
Taito colocó
a los pokémon en su regazo y con la mano que le quedaba libre agarró firmemente
la de Phoenix. Una vez estaba de nuevo de pie tras un suspiro de alivio
respondió.
-No ha sido
nada. Yo también he pasado miedo.
-Tengo el
mejor hermano del mundo.-comentó alegre Bellatrix en contraste al tono inseguro
de Taito.
Taito miró
hacia ella y le devolvió la sonrisa.
-La verdad es
que me he comportado como un novato y un idiota.-se disculpó
Phoenix.-Debí
haber previsto que esta situación podría haberse dado. Tenía que haber
preparado la pokeball antes.
-No te
preocupes.-animó Bellatrix.-Pero la próxima vez espero que no lo
repitas.-añadió en tono burlón y amistoso.
-No
pasará.-respondió Phoenix riendo de forma aliviada.
Afortunadamente
todo quedó en un susto. Los muchachos ya se encontraban tranquilos y dispuestos
a continuar su camino. Phoenix cogió la pokeball de su Ditto en la otra mano y
apunto hacia él. Este se desvaneció y regreso, sin embargo no parecía dispuesto
a lanzar la pokeball vacía al Taillow.
-Oye… ¿Y
Taillow?-preguntó Taito. Aunque ya tenía una pequeña sospecha de lo que
pasaría.
-Quiero que
te lo quedes tú.-
Efectivamente,
justo lo que pensaba Taito.
-Verás…-comenzó
Phoenix.-Tú has sido su salvador, además como dije antes no me siento digno de
tener este pokémon. Por poco la cosa sale mal. Y según tengo entendido todavía
no tienes ningún pokémon ¿me equívoco?
-Bueno… tengo
un Lapras. Perteneció a mi madre.-titubeó Taito
-Pero no es
lo mismo. Quiero que sientas en tu piel como es entrenar un pokémon. Que
crezcas junto a él y veáis vuestra amistad reforzada. Yo sentí eso mismo con mi
Charmander y te recomiendo esa experiencia.
Justo en ese
momento Taillow recuperó la consciencia. Miró a su alrededor desorientado y
confuso. Luego se percató de que se encontraba en brazos de aquel extraño al
que robo el bocata un rato antes. Taillow miró al chico con unos ojos que
mostraban agradecimiento y aprecio. Taito le correspondió la mirada. Ese
momento tierno pareció extenderse también a Bellatrix que sacó a su pequeño
Misdreavus y se fundieron en un abrazo. Taillow, por su parte, se acurrucó en
el regazo de su nuevo entrenador y acabó durmiendose.
-Definitivamente
quiere que seas su entrenador.-afirmó Phoenix con una sonrisa.
Contempló
entonces a los dos nuevos entrenadores que comenzaban su aventura. Los lazos
que los unían a sus pokémon a pesar de ser recientes se han forjado con una
solidez increíble. Si continúan por ese camino llegarán tan lejos como se lo
propongan.
Phoenix le
cedió a Taito la pokeball que pertenecía a Taillow. Él la cogió encantado y
dejó descansar a su nuevo pokémon dentro de ella. En aquél momento despertó en
Taito la llama que hacía tiempo que buscaba. Su motivación por entrenar pokémon
y con ellos proteger a sus seres queridos empezaba a cobrar forma.
Los tres
continuaron su camino. Continuaron hablando sobre pokémon, formas de
entrenarlos y cuidarlos. Incluso Phoenix explicó distintas estrategias a la
hora de combatir que te aseguraban una victoria casi infalible. Taito escuchaba
con atención mientras que Bellatrix se dedicaba más a jugar con su Misdreavus.
Cuando se
dieron cuenta era el ocaso pero para su suerte ya habían conseguido llegar a
las puertas de Ciudad Azafrán, una de las ciudades más importantes y
bulliciosas de Kanto.
-Bueno, me
temo que aquí nuestros caminos se separan.-dijo Phoenix.
-¿Dónde
tienes pensado ir ahora?-preguntó curiosa Bellatrix.
-No estoy
seguro. Nunca tengo un destino fijado. Me dejo llevar por mi intuición y ahora
me dice que debo quedarme un par de días más por esta ruta.-se rió ante su
comentario.-Puede que quede algún pájaro extraño en época de
migración.-explicó.
-No podíamos
haber encontrado mejor guía en nuestro primer día.- comentó Bellatrix
agradeciada.
-Es verdad.-añadió
Taito.-Gracias por todo.
-Gracias a
vosotros también. No suelo encontrarme entrenadores tan especiales y que
quieran tanto a sus pokémon. Quizás algún día volvamos a cruzarnos.
-Eso
espero.-respondió Taito.
-Hasta
entonces… ¡Ha entrenar duro! La próxima vez que os vea no dudaré en desafiaros
a un combate.-anunció Phoenix.
Los tres se
despidieron cordialmente y continuaron caminos opuestos. Phoenix miró hacia atrás
para verlos por última vez.
-Yo también
espero que volvamos a vernos pronto.
Bellatrix y
Taito entraron de lleno en la gran urbe. La grandeza de los edificios y la
multitud de personas les confundían. ¿Por dónde podrían empezar a buscar?
Decidieron acercarse al centro pokémon de la ciudad para recopilar información.
Sin embargo dos manzanas antes de llegar les llamó la atención una gran
muchedumbre agolpada alrededor de lo que parecía un edificio importante.
Decidieron acercarse antes ahí para averiguar que pasaba.
Justo
enfrente de dicho edificio se alzaba un rascacielos. En una de las plantas tres
siluetas contemplaban la escena y a las personas reunidas ahí. Parecían simples
hormigas asustadas desde semejante altura.
La primera
silueta, que se encontraba más cerca de los ventanales tenía un largo abrigo
negro acompañado de un sombrero del mismo color del que caía una media melena
castaña. Calzaba unas botas que parecían de gran peso. Sus pantalones al igual
que el resto de su atuendo eran negros. Aquél personaje parecía venido de una
época totalmente distinta a la actual. A su lado se encontraba la segunda silueta, la de un Skarmory al que
el hombre de negro acariciaba con suavidad su frío metal. Detrás de ellos se
encontraba la tercera silueta que era tapado con las sombras del ocaso y la
habitación. Apenas se distinguían sus facciones y su ropa.
-Parece que
el mundo ha empezado a moverse hacia el caos.-comentó el hombre escondido por
las sombras.
-Yo lo veo
más como un accidente.-respondió el hombre de negro.-La próxima vez debemos
actuar con más cautela…-añadió.
-¿Entonces
qué hubieras hecho en aquella situación? Era nuestra única posibilidad Derek.
-Puede que
tengas razón…-reflexionó Derek. Se volvió hacía el hombre desconocido.-Lo que
quiero evitar es que la gente se vuelva a cruzar en nuestro camino. Entorpecen
nuestro objetivo.
-No te
preocupes. No volverá a pasar.
Taito y
Bellatrix comenzaron a preguntar a que venía tanto jaleo alrededor del
edificio. Descubrieron que se trataba del gimnasio de la ciudad. Pero toda esa
gente no se encontraba allí para desafiar a su líder de gimnasio, Sabrina. La
razón era bien distinta y por desgracia no era buena.
-¿Qué está
ocurriendo aquí?-preguntó Taito.
-Se trata de
Sabrina.-contestó un ciudadano.-Ha desaparecido sin dejar rastro.