domingo, 25 de agosto de 2013



Capítulo 2

El comienzo de todo

La luz del Sol entraba a raudales en la ventana. Misdreavus entrecerró los ojos algo molesta. Nunca había visto tanta luz en su vida. La Torre Lavanda solía ser oscura y fría. Aquella calidez que desprendía el Sol la hacía sentirse por otra parte más liberada y alegre.

Bellatrix notó los pequeños movimientos que hacía el pokémon y abrió los ojos.

-Buenos días-murmuró-¿Cómo ha sido la experiencia el primer día fuera de casa?- añadió de forma divertida.

El pokémon respondió con una radiante sonrisa seguido de un enérgico salto que elevó al fantasma en el aire. Ahora que ya no estaba sola podía actuar como era ella misma.

Bellatrix se incorporó sobre la cama y a continuación miró hacia la ventana. Se fijó en las nubes que mecía el viento. Deseó con todas sus fuerzas que de repente su pequeño pokémon volador apareciese a lo lejos y se acercase a la ventana para volver a su hogar. Nada ocurrió, como esperaba.

-¿Me ayudarás a encontrar a mi pequeño verdad?-preguntó Bellatrix esperanzada.
Misdreavus se acercó a ella en respuesta de apoyo y se acurrucó entre sus piernas.

-Sabía que podía contar contigo. Verás que simpático es Pidgey, seguro que os llevareis muy bien.

Unos segundos después una persona se acercó a la habitación pero ni Bellatrix ni el pokémon se percataron de ello.

-¿Cómo ha llegado ese Misdreavus aquí?- dijo una voz desde la puerta.

Ambas se voltearon para ver quién era. Una mujer de mediana edad estaba apoyada sobre el marco de la puerta. Tenía el pelo negro, rizado y por la altura de los hombros, sus ojos eran grandes y de color marrón oscuro. Su cara mostraba cierto gesto de sorpresa por el inesperado invitado.

-Mama… Este Misdreavus…- Bellatrix no lograba dar con una explicación adecuada para el imprevisto. Sabía que tarde o temprano tenía que darle explicaciones a su madre pero todavía no había preparado nada convincente. No podía decirla sin más que fue con su hermano pequeño a la Torre Lavanda en plena noche y allí se encontraron con este simpático pokémon. Tenía que explicarle toda la historia.

-Bueno ya me lo contarás mientras desayunamos- concluyó su madre al ver a su hija tan bloqueada. A continuación se dirigió camino de la cocina, dejando a Bellatrix pensativa y al pokémon un tanto alarmado por la situación. Al poco rato apareció otra persona, era Taito. Al parecer había oído la breve conversación entre madre e hija, tenía un semblante algo preocupado e inquieto.

-Espero que no nos la hayamos cargado- comentó solamente Taito.

-Lo entenderá, estoy segura- respondió Bellatrix.

Taito se animó algo más con la respuesta y siguió el mismo camino que su madre, hacia la cocina. Bellatrix le siguió unos pasos atrás con el Misdreavus entre sus brazos. Finalmente la familia se reunió en la cocina. La madre comenzó hablando…

-Ayer pude ver como os ibais en mitad de la noche…

-Es por el Pidgey mama- contestó de inmediato Bellatrix. -Alguien lo ha capturado o ha escapado, el caso es que no sabemos dónde está…

-Fuimos a investigar a la Torre Lavanda porque ese lugar alteraba mucho a Pidgey- continuó su hermano.-En cambió este pokémon se encariñó con nosotros y se ha venido, de Pidgey seguimos sin saber nada…

Hubo unos segundos incómodos de silencio. Se encontraba los tres sentados en la mesa con los zumos todavía sin haber sido probados ni las galletas mordidas siquiera. Pensaron que su madre en cualquier momento les echaría una bronca o sermón sobre su escapada de anoche. Esperaban encontrarse a una madre furiosa y decepcionada pero en cambio su rostro expresaba algo completamente distinto. Se podía distinguir una mezcla de preocupación, alivio y algo de nostalgia más que de enfado.

-¿Sois conscientes de lo peligroso que ha sido vuestra excursión?- terminó diciendo rompiendo el silencio reinante.

Los dos hermanos se mostraban confusos por el comportamiento de su madre. Después de un intercambió rápido de miradas en los que ambos mostraban el mismo gesto de extrañeza terminaron contestando.

-Si-

-Siempre me dio miedo… el que no podríais defenderos allí fuera, con los pokémon salvajes y la inmensidad del mundo…- confesó su madre.-Pero la verdad es que no os puedo retener siempre a mi lado. Si queréis buscar a Pidgey no os puedo obligar a quedaros aquí. Además, sé que tú en especial,-señaló hacia Bellatrix-querías empezar tu aventura para convertirte en una buena entrenadora pokémon. Recuerdo que te daba miedo antes salir allí fuera. Querías asegurarte que tu Pidgey era lo suficientemente fuerte.
Los dos jóvenes y el pequeño pokémon se quedaron en silencio escuchando a su madre. Esta miró a continuación al pokémon.

-Pero estoy segura que este Misdreavus es más fuerte de lo que aparenta. Tenéis a una buena aliada para vuestra aventura.

La pequeña Misdreavus sonrió en señal de afirmación.

-Es verdad.- reafirmo Bellatrix.-Ayer nos lo demostró muy bien.

Taito se encontraba en silencio. Sabía que quería ir con su hermana para que no la pasase nada ni se él quedase aburrido y solo en casa. Sabía que tenía que ir con ella para crecer y aprender nuevas cosas. Le gustaba la idea de viajar y ver mundo sí, pero su falta de contacto con los pokémon le daba cierta inseguridad. ¿Cómo iba a defenderse a sí mismo y a su hermana allí fuera? Pokémon salvajes, peligrosos entrenadores, tormentas y eventos inesperados podría hacer que Bellatrix se quedase sin pokémon y en consecuencia ambos estarían en un gran apuro. Se dio cuenta entonces que todo lo que pretendía, el viajar y al mismo tiempo cuidar de su hermana carecía de sentido si no podía defenderse contra ciertos peligros.

Su madre y Bellatrix notaron la extraña actitud del joven.

-¿Te encuentras bien?- preguntó Bellatrix preocupada.

-Sí, no pasa nada. Algo de cansancio eso es todo.- fingió Taito.

Pensó entonces que solo había una solución. Tenía que superar esa inseguridad que significaba cuidar y entrenar un pokémon. Nunca se atrevió por miedo al fracaso al no saber cómo ser buen compañero de uno. Con Pidgey se divertía pero era para él una mascota. Ser entrenador pokémon suponía saber comprenderlos y quererlos. Usarlos bien en combate y que aprendan junto a su dueño. ¿Tal vez si podía hacerlo? Pensó. Poco a poco fue ganando más seguridad en sí mismo al ilusionarse, viéndose junto a su equipo, luchando codo con codo y sin nada ni nadie que les parase.

Salió entonces de su mareada de pensamientos. Se percató que su hermana y madre ya no estaban sentadas en la mesa. Se habían acabado el desayuno y se encontraban levantadas unos pasos más allá, en el salón. Ambas estaban preparando una mochila con todas las cosas que necesitarían para el viaje. Misdreavus flotaba alrededor de ellas muy emocionada.

Taito se levantó y fue con ellas. Ya habían terminado de aprovisionar la mochila. Metieron algunas pociones y bayas para el pokémon y comida y agua para Bellatrix y él. También había un mapa y algo de ropa de cambio, linternas, cuerdas, dos sacos de dormir, algo de dinero y un par de pokeballs. El ver la mochila hasta los topes le hizo preguntarse a Taito cuanto tiempo se había pasado ensimismado en sus pensamientos.

-Yo también necesitaré algún pokémon para luchar.-comentó Taito en referencia a su reflexión.-En las rutas cercanas hay pokémon muy domables. Seguro que podré entrenar alguno de ellos.

-De todas formas prefiero que os llevéis con vosotros alguno de mis pokémon, ya que están muy experimentados- argumentó su madre. Saben obedecer órdenes y también sabrán protegeros.

Abrió a continuación un baúl que había en una esquina del salón. Dentro de ella había un montón de cosas. Todas ellas eran de la época en la que su madre fue una gran entrenadora. Había de todo: mapas, recuerdos que compró de distintas ciudades, medallas y trofeos. Entre tantos objetos se distinguían seis pokeballs una de ellas parecía mucho más vieja y descolorida. Decidida, cogió esta última. Ella sabía que sería la compañera más adecuada para ambos.

-Quiero que mi Lapras os acompañe durante vuestra aventura.- confesó la madre.-Perteneció a vuestra abuela. La capturó cuando solo era un bebé. Luego me la confió al comenzar mi aventura y ahora haré lo mismo con vosotros. Es la compañera perfecta.

Con tristeza y algo de nostalgia en sus ojos se la entregó a su hijo.

-Seguro que es tu perfecto pokémon inicial. Ella te ayudará a coger más confianza en los pokémon.-

Taito agarró la pokeball muy agradecido. Se le iluminaron los ojos de felicidad.
Después de asearse y limpiar un poco la casa los dos hermanos subieron a sus dormitorios para cambiarse el pijama y ponerse ropa más adecuada para la aventura que les deparaba. Ambos optaron por su ropa más característica, la que solían llevar. Bellatrix por su ropa más deportiva: las usadas botas de montaña, sus preciados pantalones abombados y su top y chaqueta favoritos. Decidió coger también su gorro y bufanda para cuando hiciese más frío. Taito por su parte eligió su camiseta de color azul con una pokeball dibujada y su camisa favorita, una de color negro. Cogió sus pantalones con tirantes que le encantaba llevar y unos zapatos adecuados para largas caminatas. Por último cogió sus cascos y su reproductor de música para que sus canciones le acompañaran allí donde fuera.

Los dos bajaron de nuevo al salón. Relucientes y cómodos, se sentían muy motivados, listos para ir en busca de Pidgey y explorar la vasta región de Kanto.
Su madre no pudo evitar unas disimuladas lágrimas. Sus hijos habían crecido mucho y comprobó que los educó bien, valientes y decididos. Seguro que se pasarían un tiempo fuera de casa, eso la entristecía porque se quedaría sola. Por otro lado sabía que podían desenvolverse muy bien en situaciones inesperadas. Ya se demostró en su excursión a la Torre Lavanda la pasada noche. Eso la añadía más seguridad a sí misma.

La entrada de la casa se abrió con energía. Bellatrix dio un salto de pura alegría desde el interior de la casa hacia el exterior. El sol brillaba enormemente ese día, parecía como si el clima les animase también a emprender esa aventura. Taito por su parte salió más tranquilamente de la casa sosteniendo en una mano la pokeball que le había dado su madre, a continuación, se la guardo en la mochila.

-Bueno chicos.-comenzó la madre.-Tened mucho cuidado ahí fuera y cuando podáis poneos en contacto conmigo para saber cómo os va.

-Así será.-respondió Taito.

Ambos hermanos emprendieron los primeros pasos a lo que sería la mayor aventura de sus vidas. A medida que se alejaban de la casa sabrían que iban a echar de menos su hogar y el tranquilo ambiente de Pueblo Lavanda. Se voltearon una última vez a unos treinta metros de su casa y despidieron a su madre por última vez con la mano. Esta les correspondió en el saludo.

Una vez pasaron las fronteras de su pueblo natal entraron en la Ruta 8. Esta pequeña ruta conectaba con Ciudad Azafrán. Si iban a buen paso llegarían para la hora de comer. Se podían ver muchos entrenadores descansar junto con sus pokemon en el césped, otros se encontraban entrenando bien en solitario o en un combate contra otro entrenador. Bellatrix y Taito procuraron evitar de momento los combates contra entrenadores, no se veían todavía con la habilidad necesaria. Además ellos se centraban en la búsqueda de Pidgey por lo que cualquier pista sobre su paradero es más importante que cualquier combate. Por eso decidieron dirigirse primero a Ciudad Azafrán ya que era la ciudad más grande de Kanto y es hacia donde pareció dirigirse el extraño la noche anterior.

Ninguno de los dos sabía cómo comenzar una conversación. Se encontraban demasiado emocionados por el viaje y cada uno se dejó llevar por sus pensamientos y sueños. Continuaron así durante una media hora hasta que un pokémon a una velocidad increíble pasó por su lado. El susto hizo que Bellatrix callera al suelo.

-¡Pero bueno!-protestó Bellatrix.-Ten un poco más de cuidado ¿no?

Taito ayudó a Bellatrix a levantarse. Cuando volvieron a ver al lugar donde se encontraba el pokémon se dieron cuenta de que no estaba solo, tenía un jinete. También pudieron concretar que pokémon fue el que casi los arrolla, se trataba de un Arcanine y de uno al parecer bastante fuerte y firme. El entrenador que montaba sobre él bajó de un salto. Pasó su mano un par de veces por el pelaje de su flamente pokémon y se dirigió después hacia donde estaban Taito y Bellatrix.

-Lo siento mucho- se disculpó el extraño.-Estaba siguiendo a un pokémon escurridizo y bastante rápido.

El joven entrenador vestía con ropa sencilla. En la parte superior llevaba una camiseta del famoso grupo de heavy “Steellica”. Sus pantalones eran militares y calzaba unas botas de montaña. Tenía un pelo corto castaño en punta y unos ojos del mismo tono.

-¿Detrás de qué pokémon ibas exactamente? No hemos visto ninguno durante un rato.-comentó Taito.

-No es un pokémon que encuentres en la tierra.-respondió-Iba detrás de un pokémon pájaro y uno bastante inusual en esta región. Migra desde una región lejana llamada Hoenn y solo están aquí de paso un par de días al año. Me dedico a ir detrás de pokémon extraños que hagan apariciones fugaces en Kanto ya que no tengo dinero para viajar más allá de aquí.

El muchacho rio un poco ante su último comentario.

-Por cierto me llamo Phoenix.

Los dos hermanos le correspondieron la presentación. A pesar de haber tenido una aparición no muy agradable si es verdad que la simpatía del chico les hizo olvidar el pequeño incidente. A pesar de tener un par de años menos que Taito mostraba una gran maestría con los pokémon por lo que dedujeron que ya hacía bastante tiempo que era entrenador.

Phoenix perdió de vista al pokémon que seguía así que decidió acompañar a dos entrenadores con los que se cruzó. Hablaron sobre muchas cosas. Phoenix comentó que el conocido profesor Oak le concedió de inicial a Charmander y que con el mismo comenzó a emprender su aventura. Partió de ciudad Plateada e intentó mejorar sus técnicas de combate durante los primeros meses. Más tarde se daría cuenta que la captura de pokémon lo dominaba mejor que el combate así que se decantó por esta nueva opción. Él quería llegar a conocer tantas especies de pokémon como le permitiese su habilidad y su bolsillo. También les comentó su gusto por el heavy y por los pokémon de fuego. La mayoría de su equipo se componía de ese mismo tipo, su actual Charmeleon, Arcanine y un pequeño Cyndaquil que encontró hace poco.

Bellatrix y Taito por su parte no pudieron narrar tantas historias ya que acababan de comenzar. Pero si hablaron sobre lo ocurrido en la Torre Lavanda, el Pidgey de Bellatrix y la razón de su viaje.

-¿Te suena haber visto recientemente un pokémon pájaro gigante sobrevolando la ruta?-preguntó Bellatrix una vez acabaron de explicar su situación.

-Mmmm... Por la noche recuerdo que vi uno sí. Casi me lanzo a capturarlo pero luego me di cuenta de que alguien lo montaba.
Bellatrix y Taito se miraron fijamente. Ambos sabían que era el mismo tipo que vieron ayer.

-Creo que era un Skarmory- dijo Phoenix ignorando la reacción de los hermanos.-Ya que brillaba a la luz de la luna y no se me ocurre de ningún otro pájaro de ese tamaño que pueda brillar de forma metalizada.

-¿Pudiste ver hacia dónde iba?-preguntó ahora Taito.

-Sí, se dirigía a Ciudad Azafrán. Estoy seguro que allí podréis encontrar más información.-concluyó Phoenix en un tono tranquilizador.

Ahora respiraban más tranquilos al ver que tenían un hilo de dónde tirar. No estaban seguros de si se dirigía o no a la ciudad vecina pero Phoenix acabó por convencerlos al cien por cien.

Continuaron caminando. Bellatrix y Phoenix se encontraban delante hablando mientras que Taito los seguía unos pasos atrás. Pensaba en todo lo ocurrido recientemente: la desaparición de Pidgey, el individuo de Torre Lavanda, el viaje que estaban emprendiendo… Casi parecía mentira que de un día para otro se encontrasen en esa situación. Él sabía que Bellatrix no se paraba tanto a pensar en eso, ella vivía el presente mientras que él se sentía curioso y al mismo tiempo algo asustado del futuro que les deparaba. ¿Cómo acabará el viaje? ¿Podrán encontrar a Pidgey? ¿Cómo se desenvolvería en un combate pokémon? Una cosa estaba clara y es que los viajes le daban mucha hambre. Mientras seguía caminando abrió su mochila y saco un pequeño bocadillo que preparó precisamente para picar.

En el momento justo que iba a dar el primer bocado sintió algo posarse sobre su pelo. Phoenix pareció haberse dado cuenta también ya que en el momento que ocurrió dejó de hablar con Bellatrix y se volteó.

-¡No te muevas! Tienes justo el pokemon que busco en la cabeza.-anunció Phoenix.
Bellatrix observo la situación con cierta diversión. El pequeño pájaro se posó sobre su cabeza como si se tratase de un nido y se acomodó en dicho lugar. Cerró los ojos y pareció dormirse. Ahora que estaba quieto Bellatrix pudo fijarse con mayor detenimiento en el pájaro. Era de un color azul marino intenso en su mayoría, su torax era rojo y su tripa blanca. Poseía unos grandes y brillantes ojos. Lo identificó al cabo de unos segundos. Se trataba de un Taillow y tal como dijo el joven entrenador era un pokémon común en Hoenn.

-Esta es la situación perfecta.-susurró Phoenix para no despertar al pokémon. Agarró una pokeball de su bolsillo. Parecía dispuesto a capturarlo incluso bajo las circunstancias dadas.

-Ten cuidado de no darme.-dijo en tono bajo Taito.
La verdad no tenía la menor idea de que hacía ese pokémon en su pelo. Sabía que su era pelo suave y bien cuidado pero nunca se imaginó que llegase a ocurrir tal cosa. Intentó mantenerse inmóvil para no despertar al pokémon ni para que la pokeball le golpease de lleno.

Con un suspiro Phoenix se relajó y apuntó. Tras unos segundos de quietud movió su brazo ágilmente y lanzó la pokeball. Como si hubiera sido consciente de lo que iba a ocurrir, Taillow abrió los ojos, pero antes de emprender el vuelo se permitió el lujo de agarrar con su pico el pequeño bocadillo de Taito. Una vez se aseguró que lo tenía alzó el vuelo a una velocidad impresionante. El movimiento imprevisto del Taillow provocó el sobresalto de Taito y por lo tanto la pokeball le golpeó en la cara. Calló al suelo mientras el travieso pájaro se posaba en la rama de un árbol y se terminaba de comer el aperitivo de Taito. Con un ruido burlón hacia los espectadores extendió sus alas y volvió a elevarse de nuevo.

-¡Oh no! Esta vez no te me escaparás.-refunfuño Phoenix. Rápidamente agarró unos de sus pokémon y lo sacó al combate.-Esta vez probaré otra estrategia.

Un pokémon en forma de gelatina apareció de la pokeball. Se trataba de un Ditto.

-¡Vamos Ditto, transfórmate en ese pokémon!-ordenó el dueño.

Ditto no perdió de vista a su presa y copió su apariencia a la perfección. Una vez terminó de metamorfosearse  siguió al Taillow salvaje. Ambos se enzarzaron en un combate aéreo. 

Al Taillow al parecer no le gustaba que se le desafiase y se defendió con mucha agresividad. El Ditto por su parte también atacaba pero de forma más cuidadosa ya que sabía que no había que debilitarlo del todo, sino podría morir.

Taito seguía en el suelo, observando la escena perplejo. Se acarició la zona donde le golpeó la pokeball. Bellatrix le ofreció la mano para levantarse que aceptó en el momento. A continuación se quedaron junto a Phoenix que seguía enzarzado en el combate. El Taillow salvaje parecía esquivar muy bien los picotazos que daba Ditto y además contraatacaba con una gran fuerza que empezaba a debilitar a Ditto.

-Habrá que cambiar de táctica…-concluyó Phoenix. -Muy bien Ditto. Utiliza su ataque tornado contra él.

Ditto obedeció perfectamente a su amo y tomo distancias. Taillow sabía sus intenciones y se lanzó hacía el para darle el golpe de gracia. Ditto agitó sus alas sin dejar de huir de Taillow hasta que se formó un pequeño tornado entre ellas. Rápidamente este tomó consistencia y una vez estaba estable lo lanzó contra Taillow que ya se encontraba peligrosamente cerca.  El pequeño pájaro intentó esquivar el ataque elevándose en el aire pero la succión del tornado se lo impidió y fue atrapado por el mismo. Ditto no desaprovechó la oportunidad y atacó con todas sus fuerzas. Taillow, que estaba ya liberado pero algo mareado por el ataque no pudo evitar tampoco ese veloz golpe.

Los tres entrenadores continuaban mirando hacia los dos combatientes. La batalla se desarrolló de tal forma que ambos acabaron a mucha altura del suelo. Casi parecían dos moscas chocando entre ellas. Sin embargo pudieron observar perfectamente el golpe final de Ditto. Al parecer el impactó fue tal que Taillow se debió quedar inconsciente y comenzó a caer.

-¡Mierda!- exclamó Phoenix.-No contaba con que fuera derribado en el primer golpe.
Comenzó a buscar en su mochila de forma frenética una pokeball para capturarlo antes de que impactara contra el suelo.

-¡Ditto! ¡Intenta agarrar en el aire a Taillow!-ordenó Phoenix mientras continuaba en busca de la pokeball salvadora.

El pokémon descendió en picado. Se percató entonces de que el combate le mermó las fuerzas y tan solo sería capaz de agarrar al pájaro. Dudaba si sería capaz de volver a elevarse en el aire una vez lo alcanzase. La altura hasta el suelo no era la suficiente para detener la fuerza de la gravedad. Aunque temía la posibilidad de que los dos acabasen estrellados lo intentó de todas formas. Alcanzó al debilitado Taillow y agarró sus patas firmemente con las suyas. Sus peores temores se hicieron realidad, no era capaz de detener la caída. Ambos corrían ahora un gran peligro.

Phoenix no era consciente del peligro inminente. Apenas estaba agarrando la bolsa donde guardaba las pokeball. Tan solo le bastarían unos segundos para lanzar una pokeball, tiempo del que desgraciadamente no disponía.

Bellatrix y Taito mostraron cierto nerviosismo al principio del imprevisto. Su expresión comenzó a tornarse en una de miedo al ver que las cosas no se resolvían según lo previsto acentuado al ver a Phoenix conforme pasaban los segundos estaba más alterado. En los segundos previos al golpe Bellatrix no lo pudo soportar y se tapó la cara horrorizada ante lo que estaba a punto de suceder. Taito por su parte no se lo pensó dos veces corrió y se lanzó en plancha para agarrar a los dos pokémon en el aire. Por un momento pensó que no lo lograría pero con un gran esfuerzo estiró sus extremidades tanto como pudo para salvar los pocos centímetros que le faltaban.

Su cuerpo cayó al suelo cuan largo era, y en sus manos, se encontraban los dos pequeños pokémon.

Bellatrix volvió a abrir los ojos al ver que no pasaba nada. Phoenix por su parte se tranquilizó y con la pokeball, vacía en su mano, caminó hasta donde se encontraba Taito.

-¿Te encuentras bien? Has sido todo un héroe, les has salvado la vida.-dijo Phopenix admirado mientras extendía un brazo a Taito.

Taito colocó a los pokémon en su regazo y con la mano que le quedaba libre agarró firmemente la de Phoenix. Una vez estaba de nuevo de pie tras un suspiro de alivio respondió.

-No ha sido nada. Yo también he pasado miedo.

-Tengo el mejor hermano del mundo.-comentó alegre Bellatrix en contraste al tono inseguro de Taito.

Taito miró hacia ella y le devolvió la sonrisa.

-La verdad es que me he comportado como un novato y un idiota.-se disculpó 

Phoenix.-Debí haber previsto que esta situación podría haberse dado. Tenía que haber preparado la pokeball antes.

-No te preocupes.-animó Bellatrix.-Pero la próxima vez espero que no lo repitas.-añadió en tono burlón y amistoso.

-No pasará.-respondió Phoenix riendo de forma aliviada.

Afortunadamente todo quedó en un susto. Los muchachos ya se encontraban tranquilos y dispuestos a continuar su camino. Phoenix cogió la pokeball de su Ditto en la otra mano y apunto hacia él. Este se desvaneció y regreso, sin embargo no parecía dispuesto a lanzar la pokeball vacía al Taillow.

-Oye… ¿Y Taillow?-preguntó Taito. Aunque ya tenía una pequeña sospecha de lo que pasaría.

-Quiero que te lo quedes tú.-

Efectivamente, justo lo que pensaba Taito.

-Verás…-comenzó Phoenix.-Tú has sido su salvador, además como dije antes no me siento digno de tener este pokémon. Por poco la cosa sale mal. Y según tengo entendido todavía no tienes ningún pokémon ¿me equívoco?

-Bueno… tengo un Lapras. Perteneció a mi madre.-titubeó Taito

-Pero no es lo mismo. Quiero que sientas en tu piel como es entrenar un pokémon. Que crezcas junto a él y veáis vuestra amistad reforzada. Yo sentí eso mismo con mi Charmander y te recomiendo esa experiencia.

Justo en ese momento Taillow recuperó la consciencia. Miró a su alrededor desorientado y confuso. Luego se percató de que se encontraba en brazos de aquel extraño al que robo el bocata un rato antes. Taillow miró al chico con unos ojos que mostraban agradecimiento y aprecio. Taito le correspondió la mirada. Ese momento tierno pareció extenderse también a Bellatrix que sacó a su pequeño Misdreavus y se fundieron en un abrazo. Taillow, por su parte, se acurrucó en el regazo de su nuevo entrenador y acabó durmiendose.

-Definitivamente quiere que seas su entrenador.-afirmó Phoenix con una sonrisa. 

Contempló entonces a los dos nuevos entrenadores que comenzaban su aventura. Los lazos que los unían a sus pokémon a pesar de ser recientes se han forjado con una solidez increíble. Si continúan por ese camino llegarán tan lejos como se lo propongan.

Phoenix le cedió a Taito la pokeball que pertenecía a Taillow. Él la cogió encantado y dejó descansar a su nuevo pokémon dentro de ella. En aquél momento despertó en Taito la llama que hacía tiempo que buscaba. Su motivación por entrenar pokémon y con ellos proteger a sus seres queridos empezaba a cobrar forma.

Los tres continuaron su camino. Continuaron hablando sobre pokémon, formas de entrenarlos y cuidarlos. Incluso Phoenix explicó distintas estrategias a la hora de combatir que te aseguraban una victoria casi infalible. Taito escuchaba con atención mientras que Bellatrix se dedicaba más a jugar con su Misdreavus.

Cuando se dieron cuenta era el ocaso pero para su suerte ya habían conseguido llegar a las puertas de Ciudad Azafrán, una de las ciudades más importantes y bulliciosas de Kanto.

-Bueno, me temo que aquí nuestros caminos se separan.-dijo Phoenix.

-¿Dónde tienes pensado ir ahora?-preguntó curiosa Bellatrix.

-No estoy seguro. Nunca tengo un destino fijado. Me dejo llevar por mi intuición y ahora me dice que debo quedarme un par de días más por esta ruta.-se rió ante su comentario.-Puede que quede algún pájaro extraño en época de migración.-explicó.

-No podíamos haber encontrado mejor guía en nuestro primer día.- comentó Bellatrix agradeciada.

-Es verdad.-añadió Taito.-Gracias por todo.

-Gracias a vosotros también. No suelo encontrarme entrenadores tan especiales y que quieran tanto a sus pokémon. Quizás algún día volvamos a cruzarnos.

-Eso espero.-respondió Taito.

-Hasta entonces… ¡Ha entrenar duro! La próxima vez que os vea no dudaré en desafiaros a un combate.-anunció Phoenix.

Los tres se despidieron cordialmente y continuaron caminos opuestos. Phoenix miró hacia atrás para verlos por última vez.

-Yo también espero que volvamos a vernos pronto.

Bellatrix y Taito entraron de lleno en la gran urbe. La grandeza de los edificios y la multitud de personas les confundían. ¿Por dónde podrían empezar a buscar? Decidieron acercarse al centro pokémon de la ciudad para recopilar información. Sin embargo dos manzanas antes de llegar les llamó la atención una gran muchedumbre agolpada alrededor de lo que parecía un edificio importante. Decidieron acercarse antes ahí para averiguar que pasaba.

Justo enfrente de dicho edificio se alzaba un rascacielos. En una de las plantas tres siluetas contemplaban la escena y a las personas reunidas ahí. Parecían simples hormigas asustadas desde semejante altura.

La primera silueta, que se encontraba más cerca de los ventanales tenía un largo abrigo negro acompañado de un sombrero del mismo color del que caía una media melena castaña. Calzaba unas botas que parecían de gran peso. Sus pantalones al igual que el resto de su atuendo eran negros. Aquél personaje parecía venido de una época totalmente distinta a la actual. A su lado se encontraba  la segunda silueta, la de un Skarmory al que el hombre de negro acariciaba con suavidad su frío metal. Detrás de ellos se encontraba la tercera silueta que era tapado con las sombras del ocaso y la habitación. Apenas se distinguían sus facciones y su ropa.

-Parece que el mundo ha empezado a moverse hacia el caos.-comentó el hombre escondido por las sombras.

-Yo lo veo más como un accidente.-respondió el hombre de negro.-La próxima vez debemos actuar con más cautela…-añadió.

-¿Entonces qué hubieras hecho en aquella situación? Era nuestra única posibilidad Derek.

-Puede que tengas razón…-reflexionó Derek. Se volvió hacía el hombre desconocido.-Lo que quiero evitar es que la gente se vuelva a cruzar en nuestro camino. Entorpecen nuestro objetivo.

-No te preocupes. No volverá a pasar.

Taito y Bellatrix comenzaron a preguntar a que venía tanto jaleo alrededor del edificio. Descubrieron que se trataba del gimnasio de la ciudad. Pero toda esa gente no se encontraba allí para desafiar a su líder de gimnasio, Sabrina. La razón era bien distinta y por desgracia no era buena.

-¿Qué está ocurriendo aquí?-preguntó Taito.

-Se trata de Sabrina.-contestó un ciudadano.-Ha desaparecido sin dejar rastro.

viernes, 3 de mayo de 2013

Capítulo 1: La Torre Lavanda



Pidgey volaba nervioso alrededor de la casa de sus dueños. Ya llevaba un par de días con ese extraño comportamiento, no dormía, volaba en círculos sin que nadie pudiese saber que le ocurría y de vez en cuando miraba agitado hacia Torre Lavanda. Dicho edificio fue erigido poco tiempo después de que las primeras personas llegasen a este recóndito lugar, en la región de Kanto. Se trataba de Pueblo Lavanda.

Una joven chica salió de la casa y se quedó mirando preocupada al Pokemon. Tenía el pelo negro y ropa de manga corta, típica de entrenadores pokemon. La siguió de cerca un chico que vestía con una camisa negra, pantalones vaqueros y cascos en el cuello.

-¡Pidgey!-exclamó la chica-¡Vuelve adentro, ya es tarde!

Como ocurrió en anteriores ocasiones, el pokémon no la obedeció. Esto desconcertaba a la joven ya que antes siempre hacia lo que ella ordenase.

-Bellatrix, creo que será mejor meterlo en la pokeball…-sugirió el muchacho. Se acercó unos pasos hasta quedarse al lado de ella. Metió la mano en unos de sus bolsillos y sacó una pequeña esfera, era una pokeball.

Bellatrix con cara de resignación agarró la pokeball y se la lanzó a Pidgey que lo atrapó a la primera.
-No sé qué le ocurre. Parece que nota algo raro en la Torre Lavanda Taito. Creo que deberíamos echar un vistazo mañana. Quiero saber qué pasa.-confesó Bellatrix.

-Estoy de acuerdo, yo también estoy algo preocupado. Sobre todo por las leyendas que se cuentan sobre esa torre. Nunca me ha dado buena espina ese lugar.

La Torre Lavanda era el lugar donde reposaban los pokémon que una vez pertenecieron a entrenadores o criadores. Era un lugar de solemnidad y respeto pero al mismo tiempo un lugar en ocasiones siniestro y maldito por los rumores que se contaban de él. Desde apariciones de fantasmas, rituales de lo más macabro hasta portales que conducían a otras dimensiones o conectaban con el mundo de los muertos. Debido a estas historias, Pueblo Lavanda se ha ganado la fama de ser un pueblo misterioso y triste. Una fama malintencionada, ya que sus habitantes a pesar de caracterizarse como más espirituales si eran felices como en cualquier otro sitio.

Taito y Bellatrix eran dos de sus habitantes. Dos jóvenes hermanos de dieciocho y diecinueve años respectivamente que vivían junto con su madre. Ellos eran una familia muy unida y querida en pueblo Lavanda. La madre fue hace tiempo una conocida y fuerte entrenadora . Conocida como “La tormenta implacable” por sus poderosos pokémon de agua conquistó los ocho gimnasios de Kanto para luego ingresar en la Liga Pokémon por el puesto de campeón de la región. Su sueño quedó frustrado allí al no ganar dicho título y acabar en las semifinales. Decidió abandonar el entrenamiento poco después para vivir una tranquila vida en su pueblo de origen. En cuanto al padre se sabe que fue un científico entregado a su trabajo. Abandonó a la familia por motivos de trabajo y desde entonces no se sabe nada del mismo. Taito era el hermano menor. Un chico apasionado por la música y los juegos de mesa estratégicos. No estaba interesado en el entrenamiento de pokémon, de hecho, nunca ha tenido ni entrenado alguno. Su hermana Bellatrix mostraba la otra cara de la moneda en cuanto a este aspecto. Desde pequeña adoraba a los pokémon y soñaba con seguir un día los pasos de su madre y superarla. Aunque más que entrenarlos le gustaba más criarlos y cuidar de ellos.

Bellatrix miraba a la pokeball pensativa. Aquel Pidgey fue su compañero durante más de la mitad de su vida. Todavía recuerda el día en el que, junto con su madre, pasearon por una ruta cercana a Pueblo Lavanda y lo capturaron por accidente, cuando la pequeña Bellatrix recibió un regalo de su madre, una pokeball vacía, la dijo que la reservara para cuando empezase su aventura y que la utilizase para capturar a su primer pokémon. Se emocionó tanto por el regalo que lanzo la pokeball al aire como si se tratara de una pelota. Casualmente pasaba un Pidgey y fue impactado por la misma, siendo capturado. Desde entonces lo ha cuidado como si se tratase de su hijo y desde hacía poco tiempo lo había empezado a entrenar. El pensar que ahora se comportaba como si no la reconociese producía en ella una mezcla de decepción, sorpresa y curiosidad.

Ambos hermanos volvieron a la realidad después de pasarse varios minutos sumergidos en sus pensamientos y preocupaciones. La noche estrellada y fresca calmaba su pesar. Mañana resolverían de una vez este extraño misterio. Ambos regresaron a casa y ansiosos por explorar la torre lo antes posible se acostaron temprano.



Un sonido alteró a Taito en medio de la noche. No se trataba de un sonido corriente como el de una corriente de aire o unas tuberías. Sonó como si una ventana de la casa se hubiera abierto de golpe, concretamente en el baño continuo a donde se encontraba o eso le pareció a él. Se levantó con cierto temor en el cuerpo y se dirigió hacia dónde provenía el sonido. Bellatrix y su madre no debieron oírlo ya que dormían en la planta de abajo. Caminó por el pasillo hasta quedarse en frente de la puerta de dicha habitación. Estaba entreabierta y dejaba pasar una leve brisa de aire. Él sabía perfectamente que había una pequeña ventana corredera que casi nunca se abría en el baño porque estaba defectuosa. Por un momento el miedo le hizo pensar que podría tratarse de un ladrón pero no parecía oírse nada al otro lado. Al cabo de unos segundos se calmó y abrió lentamente la puerta. Asomó la cabeza cuando hubo suficiente espacio y exploró con la mirada la habitación entera. No parecía que nada se hubiese movido de su sitio. Aliviado entro en el baño y cerró la ventana. Seguramente fue una fuerte corriente de aire que la abrió desde fuera o algún pokémon que quiso curiosear.

-Hermanito- le susurró una voz.

Taito se volteó algo sobresaltado por la llamada. Su hermana Bellatrix estaba fuera, en el pasillo. En una mano sostenía una pokeball que parecía haber sido abierta de forma forzada.

-Pidgey no está-

Con esta frase Taito rápidamente lo unió con el extraño evento de la ventana. Alguien se había llevado a Pidgey o el propio pokémon escapó por la ventana.

-No ha podido haberse escapado- continuó Bellatrix como si hubiese leído la mente de su hermano. Unas lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos. No quería hacerse a la idea de que puede que nunca más lo volviese a ver.

Taito también se encontraba alterado. No sabía cómo encajar la situación. ¿Salir a buscarlo? La noche era cerrada y fría, no sería una tarea fácil. ¿Aplazar la búsqueda para cuando salga el Sol? Puede que entonces ya sea tarde para encontrarlo. Solo tenía una cosa por segura, La Torre Lavanda y su influencia en Pidgey seguro que estaban involucradas.

-Vamos a buscarlo- propusó Taito

Las palabras casi salieron solas de su boca. Sabía que era peligroso ir de noche a la torre, muchos pokémon fantasma vagaban por la zona y ellos no poseían ninguno para defenderse. Sin embargo no podían quedarse de brazos cruzados. Si no volvían a ver a Pidgey lo pasarían muy mal para superarlo. Aunque Taito no empatizaba tanto con los pokémon como su hermana mayor si sentía mucho cariño por Pidgey y todos los años que convivió con él. Cuando pensaba esto no quería ni imaginar cómo se encontraría su hermana en ese instante, no quería verla llorar.

-Si…-Asintió Bellatrix enjuagándose las lágrimas. Una fortaleza que pensó que había perdido volvió como un resorte a ella. Sabía que contaba con el apoyo de Taito, eso la aliviaba mucho.-No puede estar muy lejos, démonos prisa.

Tan rápido como apareció desapareció por el pasillo con fuerzas renovadas. Taito al principio le sorprendió aquel cambio tan brusco para luego darse cuenta de que esa era su verdadera hermana, no la que había contemplado los últimos días más desanimada. Mientras que ella era más eufórica y despreocupada él era más tranquilo y reflexivo. Ambos se complementaban mutuamente en eso. Con una sonrisa en la cara salió del baño para cambiarse de ropa.



En menos de cinco minutos estaban listos. Cogieron antes de salir ropa de abrigo y unas linternas. Vacilaron un momento si coger algún pokémon de su madre. Finalmente declinaron la proposición ya que eran pokémon muy experimentados que no serían capaces de manejar en batalla.

Las noches en Pueblo Lavanda siempre eran cerradas y con niebla, casi no podían divisar las casas vecinas. Sin embargo sabían hacía donde se encontraba la torre. Caminaron por las frías calles. Bellatrix estaba decidida a encontrar a Pidgey, el frío y el miedo no parecían hacerle mella. Taito la seguía de cerca, algo más alerta del entorno y con ciertos escalofríos que le recorrían la espina dorsal de vez en cuando.

-Seguro que Pidgey está en la Torre Lavanda- comentó Taito para romper el silencio y calmarse un poco.

-Sí, quiero saber también que ocurre aquí. Porque la Torre Lavanda tenía tanta influencia sobre él y no sobre otros pokémon. Me asusta ver que pueda haber ahí, si Pidgey se encuentra dentro tenemos que salvarlo. ¿Crees que son ciertos los rumores?

-No lo sé, nunca fuimos de noche a la torre. La mayoría se saben que son antiguos cuentos que se contaban a los niños para que no se acercaran. Pero siempre me ha dado por pensar que esa torre oculta un oscuro secreto. Tal vez sea el mal rollo que me da que haya tantos pokémon enterrados allí o los peligrosos fantasmas que pasean por sus salas. Otras personas que preguntamos días anteriores no parece que encontraran nada singular en ella, así que Pidgey podría estar así por alguna razón externa.

-Como mi Pidgey se haya pasado todos estos días así por una hembra o un suculento manjar en lo alto de la torre lo mato-dijo Bellatrix en tono divertido.

Taito sonrió ante el comentario de su hermana. Continuaron el resto del camino en silencio, las linternas empezaron a alumbrar a lo lejos una silueta de un edificio que con la niebla se veía un tanto borrosa. Se alzaba hacia el cielo firme y seguro. Luces espectrales parecían recorrer fugazmente las ventanas y la temperatura pareció descender unos grados. Habían llegado a su destino.

Quedaron en un principio intimidados por la grandeza y aterradora torre. Un gran portón de madera servía de entrada a la misma. Taito empujó con fuerza la puerta sin éxito.

-Está cerrada, será mejor que busquemos una ventana para colarnos- propuso Taito.

Rodearon el edificio hasta que se toparon con una ventana en un lateral lo suficientemente baja para poder alcanzarla. Taito levantó en hombros a Bellatrix y se metió dentro, luego estiró una mano para agarrar a Taito y este de un salto la alcanzó y se arrimó al borde de la ventana.

Ambos hermanos hicieron un barrido con la vista a la habitación en la que se encontraban. Había tumbas hasta donde alcanzaba la luz de la linterna. Una sensación de terror comenzó a apoderarse de ellos. La ahora lanzada Bellatrix empezaba a sentir un miedo que iba en aumento. A pesar de que no era su intención dejarse llevar por esa sensación no podían dejar de pensar en ello. Susurros parecían provenir de las tumbas llamándoles, sombras fugaces cruzaban ante sus ojos como si quisieran burlarse de su vulnerabilidad. Sentían que cientos de ojos les estaban observando ahora, calculando cada paso que daban.

Los pokémon fantasma se alimentaban del miedo y desesperación de las personas. No podían permanecer mucho tiempo sino sería demasiado tarde para escapar.

-Será mejor que nos demos prisa en salir de aquí- sugirió Taito.

-¡Pidgey!-gritó Bellatrix-¿Estás aquí? Sal por favor.

Los ecos de su voz fue su única respuesta. Continuó llamándole insistentemente. Bellatrix estaba muy asustada. Quería abandonar la torre y maldecir su motivación de ir en plena noche pero su deseo de querer encontrar a Pidgey parecía ser su motor para seguir avanzando.

Siguieron explorando en busca de alguna pista, subieron a plantas superiores con el mismo resultado. Alucinaciones parecían emerger en ambos conforma pasaba el tiempo. Sabían que era influencia de algún pokémon que andaba cerca. Imágenes no muy agradables comenzaban a surgir en su cabeza. Pokémon esqueléticos que se levantaban de sus tumbas, risas siniestras en la oscuridad, susurros que comenzaban a convertirse en gritos. Taito se encontraba al borde del pánico.

-Bellatrix, volvamos ya por favor. Este lugar es horrible-suplicó Taito. Bellatrix seguía movida por la esperanza de encontrar a Pidgey en la siguiente sala. Las alucinaciones no tenían tanto efecto en ella por esa misma razón.

Las linternas repentinamente empezaron a fallar. Saltaban chispas de las bombillas que comenzaban a dar luz de forma intermitente. Un chasquido y un último flash en la linterna índico que se había apagado de forma definitiva.

-Qué extraño. Me aseguré que la pila era nueva antes de salir.- afirmó Bellatrix.

-No han sido por las pilas.-respondió su hermano-Esto ha sido obra de un Rotom. Pueden acceder a los aparatos eléctricos y sabotearlos.

-¿Y ahora qué hacemos?-

-¡Y yo que sé! ¡Por tu obstinación de querer encontrar a Pidgey estamos ahora perdidos en la torre sin luz!

Taito estaba alterado, su visión de la realidad empezaba a distorsionarse cada vez más. El pokémon que lo estaba induciendo ganaba cada vez más terreno en su conciencia.

-El que propuso buscar al pokémon. Si tanto miedo tienes deberías haberte quedado en casa.-replicó Bellatrix con tono irónico.

Sin embargo ella era consciente de que sus vidas comenzaban a peligrar. Ahora que su voluntad y fuerza habían flaqueado podrían ser víctimas de pokémon más poderosos.

-Lo siento, debí haberte escuchado antes.- se disculpó Bellatrix

-No es culpa tuya, los pokémon están empezando a afectar a nuestro carácter y fuerza vital. Busquemos rápido una salida.

Ambos aguardaron unos segundos hasta que sus ojos se acostumbraron a la oscuridad. Tenían pensado volver hacia fuera dando la vuelta sobre sus pasos. La torre era tan laberíntica que no estaban seguros por donde habían pasado ya y por donde no. Nunca imaginaron que una torre que resultaba serena y tranquila por el día se transformase en un mundo de pesadillas por la noche.

Al pasar a una sala vieron algo que les llamó la atención. Sobre una de las tumbas había una pequeña vela con una llama azulada que alumbraba los alrededores. Lejos de alterar esa luz transmitía paz a los extraviados hermanos.

-Es un Litwick-anunció ella.

El pequeño pokémon pareció escuchar su llamada. Saltó de la tumba y se dirigió hacia ellos con una sonrisa en su expresión. Una vez estaba en frente de ellos paro en seco y brincó un par de veces en señal de amistad. A continuación continuó brincando en una dirección.

-Me alegra que haya un buen espíritu en esta torre- comentó Taito más aliviado.

-Sigámosle.

El Litwick guiaba un camino con la llama de su vela, consiguieron encontrar las escaleras al piso inferior. El agobio y miedo que sentían antes se iba calmando poco a poco.

Vagaron durante varios minutos entre las tumbas. Taito y Bellatrix no recordaban haber hecho un recorrido tan largo. Se empezaron a dar cuenta de otra cosa además. A causa del sueño o el esfuerzo que tuvieron que emplear para sobrevivir en la torre comenzaban a perder fuerzas. Se sentían cada vez más débiles y soñolientos. Finalmente se percataron que eso no podría ser causa natural, algún fantasma les estaba robando la energía vital.

-Taito, ese Litwick nos está robando las fuerzas tenemos que alejarnos de él ya- dijo Bellatrix con esfuerzo.

Pero ahí no acababan sus problemas, al intentar dar media vuelta para huir del Litwick se dieron cuenta de que sus cuerpos ya no estaban controlados por su conciencia. La hipnótica llama de Litwick había tomado control sobre su cuerpo. Continuaban caminando en vueltas detrás de ese Litwick que lenta pero inevitablemente les iba dejando sin vida. Trataron cualquier método, gritaron pidiendo ayuda, solo salieron inaudibles susurros de sus bocas, no podían correr a ningún sitio ni dejar de mirar fijamente la llama del pokémon. Sus cuerpos no lo resistieron más y se desplomaron sobre el suelo. Lo último que pudieron ver antes de perder la conciencia fue la cara triunfal y siniestra del Litwick al ver que se había cobrado a dos nuevas víctimas.

Pidgey no dejaba de mirar un punto fijo, una importante tumba. Consiguió infiltrarse en el último piso de la Torre Lavanda a través de una ventana. Se encontraba en una sala cerrada al público. Aquí descansaba un gran pokémon que en su tiempo fue guardían de pueblo Lavanda y sus habitantes. Se trataba de una Marowak que sacrificó su vida protegiendo la torre de unos villanos que una vez profanaron las tumbas. Una gran cúpula coronaba la sala, en su cúspide una abertura dejaba entrar la luz de la luna. Esta luz daba un ambiente tranquilizador y sereno a la habitación. Pidgey era consciente de que debía estar ahí, tenía una misión que cumplir. Se sentía muy triste por dejar atrás a su entrenadora pero también sabía que si todo salía acorde con lo previsto la volverá a ver tarde o temprano.

La presencia a la que esperaba empezó a manifestarse. Comenzó con una pequeña neblina emanando del suelo para pasar segundos más tarde a un impresionante agujero negro del cual unos ojos rojos clavaron su mirada en Pidgey. A continuación seis tentáculos acabados en un afilado aguijón rojo tomaron al pájaro entre ellos. Pidgey no tuvo otra alternativa y se dejó atrapar por esas oscuras extremidades que comenzaron a tirar de él hacia el agujero. Antes de atravesar el portal no dejó de pensar en ningún momento en Taito y Bellatrix, sobretodo en ella. Los echaría de menos, sus cariños, todas las veces que jugaron juntos, el esfuerzo de Bellatrix por entrenarle y cuidarle bien. Con unas lágrimas de nostalgia el pokémon desapareció dentro del abismal agujero.

Bellatrix se despertó de un sobresalto. Se incorporó rápidamente. Un mareo repentino la obligó a volverse a recostar, miro hacia donde estaba su hermano. Taito se encontraba sentado contra la pared todavía muy débil. Abrió los ojos al escuchar a Bellatrix voltearse hacia él.

-Estamos salvados-dijo Taito con una pequeña sonrisa.

-¿Pero cómo…?-continuó Bellatrix.-Ya pensaba que no saldríamos de aquí con vida.

Ambos dirigieron la mirada hacia donde supuestamente se encontraría Litwick. Estaba tumbado en el suelo y la llama de su vela se había extinguido. Alguien o algo evitó que ese pokémon llevará a cabo su terrorífica tarea. Se percataron entonces de que había un segundo pokémon levitando a unos centímetros detrás de Litwick. Este se descubrió ante ellos. Era un Misdreavus con una característica muy peculiar que llamó la atención enseguida a los dos jóvenes. Tenía los ojos de colores distintos cada uno. Uno rojo como es natural en este pokémon y el otro de un azul intenso que recordaba al azul de un cielo despejado.

-¿Tu nos has salvado?-preguntó Bellatrix un poco alerta todavía por la aparición de este segundo fantasma.

El pokémon asintió ante la respuesta de Bellatrix y fue a su encuentro. Se dejó acariciar en señal de paz. Taito entonces recordó algo.

-Un momento…-reflexionó.- Mientras explorábamos la torre me pareció verte un par de veces detrás de nosotros. Pensé que ese ojo azul era una alucinación que tuve.

Misdreavus volvió a asentir pero a modo de disculpa. Recordaron entonces que a este pokémon le gusta crear ilusiones para gastar bromas y divertirse con las personas. Pocos casos se han dado que este pokémon haya asesinado a alguien. Solo atacan cuando se sienten arrinconados por lo que se le considera un pokémon pacífico dentro del mundo de los fantasmas.

-Entonces fuiste tú quién nos creó esas ilusiones. Luego al ver que perdías control sobre nosotros y ganaba terreno el Litwick y ver que nuestras vidas peligraban nos salvaste ¿me equivoco?-dedujo Bellatrix. Misdreavus sonrió.

El pokémon al final se encariño con aquellos dos extranjeros. Taito y Bellatrix le correspondieron a ese gesto por el hecho de que les haya salvado la vida. Decidió quedarse con ellos ya que el lúgubre ambiente de esa torre nunca le gustó a Misdreavus. Tenía miedo de salir fuera y que los humanos salieran despavoridos ante su presencia. Pero ahora que contaba con dos nuevos amigos se sentía feliz y nuevo.

Los tres regresaron donde aquella singular aventura comenzó saltaron por la ventana y agradecieron estar de nuevo en el mundo que ellos tanto conocían. Misdreavus sin embargo se mostraba algo agobiado, nunca había salido de la torre y el ahora estar fuera le daba cierta inseguridad.
-No te preocupes, tranquila.-la animó Bellatrix.-Ahora nos tienes a nosotros y cuidaremos de ti siempre.
El pokémon agradeció ese gesto.

Un ruido proveniente de lo alto de la torre rompió aquel silencio y tranquilidad ahora reinantes. Por el agujero de la cúpula emergió un enorme pokémon en forma de pájaro. Su piel parecía plateada ya que brillaba a la luz de la luna. Al parecer llevaba a una persona consigo. Los dos extraños desaparecieron entre la niebla en dirección a Ciudad Azafrán, al oeste de Pueblo Lavanda.

Esto hizo sospechar a los dos hermanos que tendría que ver con su Pidgey. El extraño hecho de que haya desaparecido aquella noche y que aquel misterioso entrenador haya salido de una sala a la que se les cierra el paso incluso a los mismísimo habitantes del pueblo. Esto fue apoyado por el Misdreavus que aseguró haber visto a un pequeño pokémon pájaro volar hasta la misma habitación y además en un momento concreto sentir una presencia tan grande y poderosa que incluso los fantasmas más aterradores del edificio temieron. Una criatura que escapaba de todo lo que conocían hasta ahora.

Esto no hizo sino aumentar la sospecha de Bellatrix y Taito además de empezar a sentir un cosquilleo de curiosidad al querer averiguar el porqué de todos los eventos acontecidos. Por el momento decidieron volver a casa e investigar mañana más sobre el asunto. Volviendo a casa llegaron a la conclusión de que la respuesta solo la encontrarían si salían en busca de aquella persona y su pájaro de plata. Junto con Misdreavus acordaron partir lo antes posible, si pudiera ser hoy temprano mejor. Nunca salieron de su pueblo natal ya que siempre les abrumó la grandeza del mundo y temieron a los más poderosos entrenadores de Kanto. Ya era hora de que ambos superarán ese miedo y salieran a explorar el inmenso mundo que les esperaba.

Ambos entraron en silencio a casa, aliviados de que su madre no estuviera despierta. Bellatrix durmió aquella noche abrazada a su Misdreavus, como si se tratara de un peluche al que quería proteger. Taito soñó con las grandes aventuras y viajes que le esperaban y que sabía que le cambiarían su concepción de la vida. La aventura pokémon de los tres solo acababa de comenzar.