viernes, 3 de mayo de 2013

Capítulo 1: La Torre Lavanda



Pidgey volaba nervioso alrededor de la casa de sus dueños. Ya llevaba un par de días con ese extraño comportamiento, no dormía, volaba en círculos sin que nadie pudiese saber que le ocurría y de vez en cuando miraba agitado hacia Torre Lavanda. Dicho edificio fue erigido poco tiempo después de que las primeras personas llegasen a este recóndito lugar, en la región de Kanto. Se trataba de Pueblo Lavanda.

Una joven chica salió de la casa y se quedó mirando preocupada al Pokemon. Tenía el pelo negro y ropa de manga corta, típica de entrenadores pokemon. La siguió de cerca un chico que vestía con una camisa negra, pantalones vaqueros y cascos en el cuello.

-¡Pidgey!-exclamó la chica-¡Vuelve adentro, ya es tarde!

Como ocurrió en anteriores ocasiones, el pokémon no la obedeció. Esto desconcertaba a la joven ya que antes siempre hacia lo que ella ordenase.

-Bellatrix, creo que será mejor meterlo en la pokeball…-sugirió el muchacho. Se acercó unos pasos hasta quedarse al lado de ella. Metió la mano en unos de sus bolsillos y sacó una pequeña esfera, era una pokeball.

Bellatrix con cara de resignación agarró la pokeball y se la lanzó a Pidgey que lo atrapó a la primera.
-No sé qué le ocurre. Parece que nota algo raro en la Torre Lavanda Taito. Creo que deberíamos echar un vistazo mañana. Quiero saber qué pasa.-confesó Bellatrix.

-Estoy de acuerdo, yo también estoy algo preocupado. Sobre todo por las leyendas que se cuentan sobre esa torre. Nunca me ha dado buena espina ese lugar.

La Torre Lavanda era el lugar donde reposaban los pokémon que una vez pertenecieron a entrenadores o criadores. Era un lugar de solemnidad y respeto pero al mismo tiempo un lugar en ocasiones siniestro y maldito por los rumores que se contaban de él. Desde apariciones de fantasmas, rituales de lo más macabro hasta portales que conducían a otras dimensiones o conectaban con el mundo de los muertos. Debido a estas historias, Pueblo Lavanda se ha ganado la fama de ser un pueblo misterioso y triste. Una fama malintencionada, ya que sus habitantes a pesar de caracterizarse como más espirituales si eran felices como en cualquier otro sitio.

Taito y Bellatrix eran dos de sus habitantes. Dos jóvenes hermanos de dieciocho y diecinueve años respectivamente que vivían junto con su madre. Ellos eran una familia muy unida y querida en pueblo Lavanda. La madre fue hace tiempo una conocida y fuerte entrenadora . Conocida como “La tormenta implacable” por sus poderosos pokémon de agua conquistó los ocho gimnasios de Kanto para luego ingresar en la Liga Pokémon por el puesto de campeón de la región. Su sueño quedó frustrado allí al no ganar dicho título y acabar en las semifinales. Decidió abandonar el entrenamiento poco después para vivir una tranquila vida en su pueblo de origen. En cuanto al padre se sabe que fue un científico entregado a su trabajo. Abandonó a la familia por motivos de trabajo y desde entonces no se sabe nada del mismo. Taito era el hermano menor. Un chico apasionado por la música y los juegos de mesa estratégicos. No estaba interesado en el entrenamiento de pokémon, de hecho, nunca ha tenido ni entrenado alguno. Su hermana Bellatrix mostraba la otra cara de la moneda en cuanto a este aspecto. Desde pequeña adoraba a los pokémon y soñaba con seguir un día los pasos de su madre y superarla. Aunque más que entrenarlos le gustaba más criarlos y cuidar de ellos.

Bellatrix miraba a la pokeball pensativa. Aquel Pidgey fue su compañero durante más de la mitad de su vida. Todavía recuerda el día en el que, junto con su madre, pasearon por una ruta cercana a Pueblo Lavanda y lo capturaron por accidente, cuando la pequeña Bellatrix recibió un regalo de su madre, una pokeball vacía, la dijo que la reservara para cuando empezase su aventura y que la utilizase para capturar a su primer pokémon. Se emocionó tanto por el regalo que lanzo la pokeball al aire como si se tratara de una pelota. Casualmente pasaba un Pidgey y fue impactado por la misma, siendo capturado. Desde entonces lo ha cuidado como si se tratase de su hijo y desde hacía poco tiempo lo había empezado a entrenar. El pensar que ahora se comportaba como si no la reconociese producía en ella una mezcla de decepción, sorpresa y curiosidad.

Ambos hermanos volvieron a la realidad después de pasarse varios minutos sumergidos en sus pensamientos y preocupaciones. La noche estrellada y fresca calmaba su pesar. Mañana resolverían de una vez este extraño misterio. Ambos regresaron a casa y ansiosos por explorar la torre lo antes posible se acostaron temprano.



Un sonido alteró a Taito en medio de la noche. No se trataba de un sonido corriente como el de una corriente de aire o unas tuberías. Sonó como si una ventana de la casa se hubiera abierto de golpe, concretamente en el baño continuo a donde se encontraba o eso le pareció a él. Se levantó con cierto temor en el cuerpo y se dirigió hacia dónde provenía el sonido. Bellatrix y su madre no debieron oírlo ya que dormían en la planta de abajo. Caminó por el pasillo hasta quedarse en frente de la puerta de dicha habitación. Estaba entreabierta y dejaba pasar una leve brisa de aire. Él sabía perfectamente que había una pequeña ventana corredera que casi nunca se abría en el baño porque estaba defectuosa. Por un momento el miedo le hizo pensar que podría tratarse de un ladrón pero no parecía oírse nada al otro lado. Al cabo de unos segundos se calmó y abrió lentamente la puerta. Asomó la cabeza cuando hubo suficiente espacio y exploró con la mirada la habitación entera. No parecía que nada se hubiese movido de su sitio. Aliviado entro en el baño y cerró la ventana. Seguramente fue una fuerte corriente de aire que la abrió desde fuera o algún pokémon que quiso curiosear.

-Hermanito- le susurró una voz.

Taito se volteó algo sobresaltado por la llamada. Su hermana Bellatrix estaba fuera, en el pasillo. En una mano sostenía una pokeball que parecía haber sido abierta de forma forzada.

-Pidgey no está-

Con esta frase Taito rápidamente lo unió con el extraño evento de la ventana. Alguien se había llevado a Pidgey o el propio pokémon escapó por la ventana.

-No ha podido haberse escapado- continuó Bellatrix como si hubiese leído la mente de su hermano. Unas lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos. No quería hacerse a la idea de que puede que nunca más lo volviese a ver.

Taito también se encontraba alterado. No sabía cómo encajar la situación. ¿Salir a buscarlo? La noche era cerrada y fría, no sería una tarea fácil. ¿Aplazar la búsqueda para cuando salga el Sol? Puede que entonces ya sea tarde para encontrarlo. Solo tenía una cosa por segura, La Torre Lavanda y su influencia en Pidgey seguro que estaban involucradas.

-Vamos a buscarlo- propusó Taito

Las palabras casi salieron solas de su boca. Sabía que era peligroso ir de noche a la torre, muchos pokémon fantasma vagaban por la zona y ellos no poseían ninguno para defenderse. Sin embargo no podían quedarse de brazos cruzados. Si no volvían a ver a Pidgey lo pasarían muy mal para superarlo. Aunque Taito no empatizaba tanto con los pokémon como su hermana mayor si sentía mucho cariño por Pidgey y todos los años que convivió con él. Cuando pensaba esto no quería ni imaginar cómo se encontraría su hermana en ese instante, no quería verla llorar.

-Si…-Asintió Bellatrix enjuagándose las lágrimas. Una fortaleza que pensó que había perdido volvió como un resorte a ella. Sabía que contaba con el apoyo de Taito, eso la aliviaba mucho.-No puede estar muy lejos, démonos prisa.

Tan rápido como apareció desapareció por el pasillo con fuerzas renovadas. Taito al principio le sorprendió aquel cambio tan brusco para luego darse cuenta de que esa era su verdadera hermana, no la que había contemplado los últimos días más desanimada. Mientras que ella era más eufórica y despreocupada él era más tranquilo y reflexivo. Ambos se complementaban mutuamente en eso. Con una sonrisa en la cara salió del baño para cambiarse de ropa.



En menos de cinco minutos estaban listos. Cogieron antes de salir ropa de abrigo y unas linternas. Vacilaron un momento si coger algún pokémon de su madre. Finalmente declinaron la proposición ya que eran pokémon muy experimentados que no serían capaces de manejar en batalla.

Las noches en Pueblo Lavanda siempre eran cerradas y con niebla, casi no podían divisar las casas vecinas. Sin embargo sabían hacía donde se encontraba la torre. Caminaron por las frías calles. Bellatrix estaba decidida a encontrar a Pidgey, el frío y el miedo no parecían hacerle mella. Taito la seguía de cerca, algo más alerta del entorno y con ciertos escalofríos que le recorrían la espina dorsal de vez en cuando.

-Seguro que Pidgey está en la Torre Lavanda- comentó Taito para romper el silencio y calmarse un poco.

-Sí, quiero saber también que ocurre aquí. Porque la Torre Lavanda tenía tanta influencia sobre él y no sobre otros pokémon. Me asusta ver que pueda haber ahí, si Pidgey se encuentra dentro tenemos que salvarlo. ¿Crees que son ciertos los rumores?

-No lo sé, nunca fuimos de noche a la torre. La mayoría se saben que son antiguos cuentos que se contaban a los niños para que no se acercaran. Pero siempre me ha dado por pensar que esa torre oculta un oscuro secreto. Tal vez sea el mal rollo que me da que haya tantos pokémon enterrados allí o los peligrosos fantasmas que pasean por sus salas. Otras personas que preguntamos días anteriores no parece que encontraran nada singular en ella, así que Pidgey podría estar así por alguna razón externa.

-Como mi Pidgey se haya pasado todos estos días así por una hembra o un suculento manjar en lo alto de la torre lo mato-dijo Bellatrix en tono divertido.

Taito sonrió ante el comentario de su hermana. Continuaron el resto del camino en silencio, las linternas empezaron a alumbrar a lo lejos una silueta de un edificio que con la niebla se veía un tanto borrosa. Se alzaba hacia el cielo firme y seguro. Luces espectrales parecían recorrer fugazmente las ventanas y la temperatura pareció descender unos grados. Habían llegado a su destino.

Quedaron en un principio intimidados por la grandeza y aterradora torre. Un gran portón de madera servía de entrada a la misma. Taito empujó con fuerza la puerta sin éxito.

-Está cerrada, será mejor que busquemos una ventana para colarnos- propuso Taito.

Rodearon el edificio hasta que se toparon con una ventana en un lateral lo suficientemente baja para poder alcanzarla. Taito levantó en hombros a Bellatrix y se metió dentro, luego estiró una mano para agarrar a Taito y este de un salto la alcanzó y se arrimó al borde de la ventana.

Ambos hermanos hicieron un barrido con la vista a la habitación en la que se encontraban. Había tumbas hasta donde alcanzaba la luz de la linterna. Una sensación de terror comenzó a apoderarse de ellos. La ahora lanzada Bellatrix empezaba a sentir un miedo que iba en aumento. A pesar de que no era su intención dejarse llevar por esa sensación no podían dejar de pensar en ello. Susurros parecían provenir de las tumbas llamándoles, sombras fugaces cruzaban ante sus ojos como si quisieran burlarse de su vulnerabilidad. Sentían que cientos de ojos les estaban observando ahora, calculando cada paso que daban.

Los pokémon fantasma se alimentaban del miedo y desesperación de las personas. No podían permanecer mucho tiempo sino sería demasiado tarde para escapar.

-Será mejor que nos demos prisa en salir de aquí- sugirió Taito.

-¡Pidgey!-gritó Bellatrix-¿Estás aquí? Sal por favor.

Los ecos de su voz fue su única respuesta. Continuó llamándole insistentemente. Bellatrix estaba muy asustada. Quería abandonar la torre y maldecir su motivación de ir en plena noche pero su deseo de querer encontrar a Pidgey parecía ser su motor para seguir avanzando.

Siguieron explorando en busca de alguna pista, subieron a plantas superiores con el mismo resultado. Alucinaciones parecían emerger en ambos conforma pasaba el tiempo. Sabían que era influencia de algún pokémon que andaba cerca. Imágenes no muy agradables comenzaban a surgir en su cabeza. Pokémon esqueléticos que se levantaban de sus tumbas, risas siniestras en la oscuridad, susurros que comenzaban a convertirse en gritos. Taito se encontraba al borde del pánico.

-Bellatrix, volvamos ya por favor. Este lugar es horrible-suplicó Taito. Bellatrix seguía movida por la esperanza de encontrar a Pidgey en la siguiente sala. Las alucinaciones no tenían tanto efecto en ella por esa misma razón.

Las linternas repentinamente empezaron a fallar. Saltaban chispas de las bombillas que comenzaban a dar luz de forma intermitente. Un chasquido y un último flash en la linterna índico que se había apagado de forma definitiva.

-Qué extraño. Me aseguré que la pila era nueva antes de salir.- afirmó Bellatrix.

-No han sido por las pilas.-respondió su hermano-Esto ha sido obra de un Rotom. Pueden acceder a los aparatos eléctricos y sabotearlos.

-¿Y ahora qué hacemos?-

-¡Y yo que sé! ¡Por tu obstinación de querer encontrar a Pidgey estamos ahora perdidos en la torre sin luz!

Taito estaba alterado, su visión de la realidad empezaba a distorsionarse cada vez más. El pokémon que lo estaba induciendo ganaba cada vez más terreno en su conciencia.

-El que propuso buscar al pokémon. Si tanto miedo tienes deberías haberte quedado en casa.-replicó Bellatrix con tono irónico.

Sin embargo ella era consciente de que sus vidas comenzaban a peligrar. Ahora que su voluntad y fuerza habían flaqueado podrían ser víctimas de pokémon más poderosos.

-Lo siento, debí haberte escuchado antes.- se disculpó Bellatrix

-No es culpa tuya, los pokémon están empezando a afectar a nuestro carácter y fuerza vital. Busquemos rápido una salida.

Ambos aguardaron unos segundos hasta que sus ojos se acostumbraron a la oscuridad. Tenían pensado volver hacia fuera dando la vuelta sobre sus pasos. La torre era tan laberíntica que no estaban seguros por donde habían pasado ya y por donde no. Nunca imaginaron que una torre que resultaba serena y tranquila por el día se transformase en un mundo de pesadillas por la noche.

Al pasar a una sala vieron algo que les llamó la atención. Sobre una de las tumbas había una pequeña vela con una llama azulada que alumbraba los alrededores. Lejos de alterar esa luz transmitía paz a los extraviados hermanos.

-Es un Litwick-anunció ella.

El pequeño pokémon pareció escuchar su llamada. Saltó de la tumba y se dirigió hacia ellos con una sonrisa en su expresión. Una vez estaba en frente de ellos paro en seco y brincó un par de veces en señal de amistad. A continuación continuó brincando en una dirección.

-Me alegra que haya un buen espíritu en esta torre- comentó Taito más aliviado.

-Sigámosle.

El Litwick guiaba un camino con la llama de su vela, consiguieron encontrar las escaleras al piso inferior. El agobio y miedo que sentían antes se iba calmando poco a poco.

Vagaron durante varios minutos entre las tumbas. Taito y Bellatrix no recordaban haber hecho un recorrido tan largo. Se empezaron a dar cuenta de otra cosa además. A causa del sueño o el esfuerzo que tuvieron que emplear para sobrevivir en la torre comenzaban a perder fuerzas. Se sentían cada vez más débiles y soñolientos. Finalmente se percataron que eso no podría ser causa natural, algún fantasma les estaba robando la energía vital.

-Taito, ese Litwick nos está robando las fuerzas tenemos que alejarnos de él ya- dijo Bellatrix con esfuerzo.

Pero ahí no acababan sus problemas, al intentar dar media vuelta para huir del Litwick se dieron cuenta de que sus cuerpos ya no estaban controlados por su conciencia. La hipnótica llama de Litwick había tomado control sobre su cuerpo. Continuaban caminando en vueltas detrás de ese Litwick que lenta pero inevitablemente les iba dejando sin vida. Trataron cualquier método, gritaron pidiendo ayuda, solo salieron inaudibles susurros de sus bocas, no podían correr a ningún sitio ni dejar de mirar fijamente la llama del pokémon. Sus cuerpos no lo resistieron más y se desplomaron sobre el suelo. Lo último que pudieron ver antes de perder la conciencia fue la cara triunfal y siniestra del Litwick al ver que se había cobrado a dos nuevas víctimas.

Pidgey no dejaba de mirar un punto fijo, una importante tumba. Consiguió infiltrarse en el último piso de la Torre Lavanda a través de una ventana. Se encontraba en una sala cerrada al público. Aquí descansaba un gran pokémon que en su tiempo fue guardían de pueblo Lavanda y sus habitantes. Se trataba de una Marowak que sacrificó su vida protegiendo la torre de unos villanos que una vez profanaron las tumbas. Una gran cúpula coronaba la sala, en su cúspide una abertura dejaba entrar la luz de la luna. Esta luz daba un ambiente tranquilizador y sereno a la habitación. Pidgey era consciente de que debía estar ahí, tenía una misión que cumplir. Se sentía muy triste por dejar atrás a su entrenadora pero también sabía que si todo salía acorde con lo previsto la volverá a ver tarde o temprano.

La presencia a la que esperaba empezó a manifestarse. Comenzó con una pequeña neblina emanando del suelo para pasar segundos más tarde a un impresionante agujero negro del cual unos ojos rojos clavaron su mirada en Pidgey. A continuación seis tentáculos acabados en un afilado aguijón rojo tomaron al pájaro entre ellos. Pidgey no tuvo otra alternativa y se dejó atrapar por esas oscuras extremidades que comenzaron a tirar de él hacia el agujero. Antes de atravesar el portal no dejó de pensar en ningún momento en Taito y Bellatrix, sobretodo en ella. Los echaría de menos, sus cariños, todas las veces que jugaron juntos, el esfuerzo de Bellatrix por entrenarle y cuidarle bien. Con unas lágrimas de nostalgia el pokémon desapareció dentro del abismal agujero.

Bellatrix se despertó de un sobresalto. Se incorporó rápidamente. Un mareo repentino la obligó a volverse a recostar, miro hacia donde estaba su hermano. Taito se encontraba sentado contra la pared todavía muy débil. Abrió los ojos al escuchar a Bellatrix voltearse hacia él.

-Estamos salvados-dijo Taito con una pequeña sonrisa.

-¿Pero cómo…?-continuó Bellatrix.-Ya pensaba que no saldríamos de aquí con vida.

Ambos dirigieron la mirada hacia donde supuestamente se encontraría Litwick. Estaba tumbado en el suelo y la llama de su vela se había extinguido. Alguien o algo evitó que ese pokémon llevará a cabo su terrorífica tarea. Se percataron entonces de que había un segundo pokémon levitando a unos centímetros detrás de Litwick. Este se descubrió ante ellos. Era un Misdreavus con una característica muy peculiar que llamó la atención enseguida a los dos jóvenes. Tenía los ojos de colores distintos cada uno. Uno rojo como es natural en este pokémon y el otro de un azul intenso que recordaba al azul de un cielo despejado.

-¿Tu nos has salvado?-preguntó Bellatrix un poco alerta todavía por la aparición de este segundo fantasma.

El pokémon asintió ante la respuesta de Bellatrix y fue a su encuentro. Se dejó acariciar en señal de paz. Taito entonces recordó algo.

-Un momento…-reflexionó.- Mientras explorábamos la torre me pareció verte un par de veces detrás de nosotros. Pensé que ese ojo azul era una alucinación que tuve.

Misdreavus volvió a asentir pero a modo de disculpa. Recordaron entonces que a este pokémon le gusta crear ilusiones para gastar bromas y divertirse con las personas. Pocos casos se han dado que este pokémon haya asesinado a alguien. Solo atacan cuando se sienten arrinconados por lo que se le considera un pokémon pacífico dentro del mundo de los fantasmas.

-Entonces fuiste tú quién nos creó esas ilusiones. Luego al ver que perdías control sobre nosotros y ganaba terreno el Litwick y ver que nuestras vidas peligraban nos salvaste ¿me equivoco?-dedujo Bellatrix. Misdreavus sonrió.

El pokémon al final se encariño con aquellos dos extranjeros. Taito y Bellatrix le correspondieron a ese gesto por el hecho de que les haya salvado la vida. Decidió quedarse con ellos ya que el lúgubre ambiente de esa torre nunca le gustó a Misdreavus. Tenía miedo de salir fuera y que los humanos salieran despavoridos ante su presencia. Pero ahora que contaba con dos nuevos amigos se sentía feliz y nuevo.

Los tres regresaron donde aquella singular aventura comenzó saltaron por la ventana y agradecieron estar de nuevo en el mundo que ellos tanto conocían. Misdreavus sin embargo se mostraba algo agobiado, nunca había salido de la torre y el ahora estar fuera le daba cierta inseguridad.
-No te preocupes, tranquila.-la animó Bellatrix.-Ahora nos tienes a nosotros y cuidaremos de ti siempre.
El pokémon agradeció ese gesto.

Un ruido proveniente de lo alto de la torre rompió aquel silencio y tranquilidad ahora reinantes. Por el agujero de la cúpula emergió un enorme pokémon en forma de pájaro. Su piel parecía plateada ya que brillaba a la luz de la luna. Al parecer llevaba a una persona consigo. Los dos extraños desaparecieron entre la niebla en dirección a Ciudad Azafrán, al oeste de Pueblo Lavanda.

Esto hizo sospechar a los dos hermanos que tendría que ver con su Pidgey. El extraño hecho de que haya desaparecido aquella noche y que aquel misterioso entrenador haya salido de una sala a la que se les cierra el paso incluso a los mismísimo habitantes del pueblo. Esto fue apoyado por el Misdreavus que aseguró haber visto a un pequeño pokémon pájaro volar hasta la misma habitación y además en un momento concreto sentir una presencia tan grande y poderosa que incluso los fantasmas más aterradores del edificio temieron. Una criatura que escapaba de todo lo que conocían hasta ahora.

Esto no hizo sino aumentar la sospecha de Bellatrix y Taito además de empezar a sentir un cosquilleo de curiosidad al querer averiguar el porqué de todos los eventos acontecidos. Por el momento decidieron volver a casa e investigar mañana más sobre el asunto. Volviendo a casa llegaron a la conclusión de que la respuesta solo la encontrarían si salían en busca de aquella persona y su pájaro de plata. Junto con Misdreavus acordaron partir lo antes posible, si pudiera ser hoy temprano mejor. Nunca salieron de su pueblo natal ya que siempre les abrumó la grandeza del mundo y temieron a los más poderosos entrenadores de Kanto. Ya era hora de que ambos superarán ese miedo y salieran a explorar el inmenso mundo que les esperaba.

Ambos entraron en silencio a casa, aliviados de que su madre no estuviera despierta. Bellatrix durmió aquella noche abrazada a su Misdreavus, como si se tratara de un peluche al que quería proteger. Taito soñó con las grandes aventuras y viajes que le esperaban y que sabía que le cambiarían su concepción de la vida. La aventura pokémon de los tres solo acababa de comenzar.

1 comentario:

  1. Está genial Taito *o* quiero ver qué les espera en su viaje :DD!!! qué mono Misdreavus <333

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